Las 66 mejores películas sobre periodismo. La lista (¿definitiva?), según IMDB, Filmaffinity, Metacritic y Rotten Tomatoes

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Montaje de una imagen de la película Ciudadano Kane en una portada del New York Journal-American, del magnate William Randolph Hearst.

Una lista para escoger a los mejores de algo es una enumeración subjetiva con la que podemos estar de acuerdo o no. La que presentamos ahora, de cine sobre periodismo, busca disminuir esa subjetividad al juntar las calificaciones de críticos (dos sitios) y de usuarios (tres sitios), de forma que aspire a convertirse en la lista definitiva sobre este tema.

Antes de explicarlo mejor, les adelantamos algo. Sí, como muchos cinéfilos y periodistas ya lo habrán sospechado, la mejor película sobre periodismo de todos los tiempos es Ciudadano Kane (inspirada en el magnate de los periódicos William Randolph Hearst).

Y si quieren revisar la lista completa sin tener que leer toda la explicación, hagan clic acá y salten hasta la clasificación final.

Primero haremos una aclaración. ¿Por qué, cuando ya hay tantas listas sobre cine y periodismo, publicamos una más? Las respuestas son las siguientes.

Una lista confiable

Por estas y otras razones, hay demasiadas listas que son poco confiables. ¿Cómo hacer una que sí lo sea, de esas que buscamos cuando queremos ver buenas películas periodísticas? Así lo hicimos:

  • En primer lugar debemos diferenciar entre películas sobre periodistas, con periodistas y sobre periodismo. En las primeras se trata sobre profesionales de esta rama, pero no sobre su oficio. En las segundas hay personajes periodistas, pero su trama no siempre tiene que ver con su trabajo. En las terceras se trata al periodismo como un elemento principal, o incluso secundario, pero importante. Nuestra lista pertenece a este último grupo.
  • Para hacerla menos subjetiva (no objetiva, ya sabemos que eso de que la objetividad no existe) recurrimos a muchas subjetividades. Usamos cuatro bases de datos: IMDB, Filmaffinity, Metacritic y Rotten Tomatoes, que están entre las más conocidas y más completas. La última tiene dos puntuaciones, la de críticos y la de usuarios.
  • Para hacerla más confiable, obtuvimos datos de cientos de producciones cinematográficas y eliminamos las que menos correspondían a nuestros objetivos.
  • Y, para hacerla más cercana a las necesidades y gustos de los periodistas (al menos del autor de este texto), dimos un peso específico a cada puntaje de las diferentes bases de datos.

Cómo hicimos la lista

En primer lugar, buscamos películas sobre periodismo. Para esto acudimos a una lista bastante amplia y buena, la de Periodismo y medios de comunicación en el cine, de Enrique Martínez-Salanova Sánchez. Ahí hay unas 200 películas, entre las que encontramos de todo.

Ese trabajo, sin embargo, no es completo. Así que acudimos a otras muchas listas y a películas agrupadas con la etiqueta “periodismo” en IMDB, Filmaffinity y Filmaboutit, así como a las que muestra Google cuando se busca “películas sobre periodismo”.

Con esta lista, que fue aumentando conforme pasaban los días hasta llegar a más 800 filmes, hicimos una primera calificación con el puntaje de IMDB, Filmaffinity, Metacritic y Rotten Tomatoes.

Esto, como era previsible, se iba a descontrolar. La lista era difícil de manejar. Así que quitamos las películas para televisión, unas pocas series, cortos y documentales. También dejamos fuera las de Emanuelle (sí, hay lugares que las incluyen), las de Superman, las de Spiderman…

Luego eliminamos las que tenían menos de tres calificaciones (de las cinco posibles) y las que sumaban menos de 1.000 votos. Esto se hizo debido a que esa cantidad nos parece suficiente para evitar manipulación de votos. Si una película tiene 10 votos y una excelente calificación, es posible que su director y actores hayan votado para ponerle en ese lugar.

También quitamos las que tienen que ver muy poco con el periodismo. Para esto nos fue muy útil la clasificación de Filmaboutit, que no solamente incluye la temática, sino su relevancia dentro de la película. Así quedaron unas 250. Todavía inmanejable.

Así que, de ese grupo, sacamos la puntuación promedio (6,57 sobre 10), eliminamos las que estaban bajo ese puntaje y nos quedamos con menos de 150.

Como la intención era tener solamente roducciones sobre periodismo (no con periodistas) hicimos una nueva revisión, más a fondo, viendo películas, tráileres y leyendo más de una reseña por película. Así quedaron las 66 finales.

Cómo obtuvimos la puntuación

Debido a que esta es una clasificación para encontrar las mejores, no solamente una lista de películas sobre periodismo, necesitábamos dar un puntaje a cada una. Para superar en algo el sesgo que puede tener cada calificación, usamos cinco diferentes.

Pero ¿qué podíamos hacer con todos esos puntajes? Una opción era sacar un promedio. Es decir, sumar el puntaje de IMDB, Filmaffinity, Metacritic y Rotten Tomatoes y dividirlo para cinco luego de poner al mismo nivel todas las calificaciones. Es decir, poner todas en una calificación sobre 10, porque el Metascore de Metacritic califica sobre 100 y el de usuarios de Rotten Tomatoes sobre 5.

Era lo más sencillo y rápido, pero ¿por qué hacerlo así si podíamos complicarnos un poco más?

Y, bueno, no era solamente la necesidad de complicarnos, sino de sacar una lista que nos satisficiera, que esté más de acuerdo con nuestros gustos. Primero, veamos el panorama:

  • IMDB es una base de datos de películas que permite a los usuarios calificar cada película entre 1 y 10. Es una de las más completas y populares. De las más de 800 películas que recopilamos, un 95 % de ellas tenían puntuación.
  • Rotten Tomatoes (usuarios) es la más popular, aunque está más centrada en la producción estadounidense. Tiene calificaciones de usuarios para un 60 % de las películas consultadas, pero es la que más participantes recibe: más 50 millones de votos sumadas todas las películas que revisamos, mientras que IMDB tiene unos 17 millones y Filmaffinity algo más de 3 millones.
  • Filmaffinity tiene pocos votantes, pero tiene información de la mayoría de películas (y en español), sobre todo de las iberoamericanas. Podemos decir que su votación es más “hispana” que la de las otras bases de datos.
  • La versión de críticos de Rotten Tomatoes tiene, en general, más aportes que las de los críticos de Metacritic. Además, tiene calificaciones diferenciadas, con una amplia, de todos los críticos, y una más restringida, la ‘Top Critics’.
  • Metacritic tiene resultados en Metascore para una menor cantidad de películas que los otros sitios utilizados, pero sus críticos son “los más respetados del mundo”. Más allá del texto publicitario, parece que esta frase es más adecuada para este sitio que para otros y eso implica que no tenga muchos críticos participantes. Por poner un ejemplo, en Frost/Nixon Metacritic tiene un puntaje basado en 38 críticas, Rotten Tomatoes en 251 y su versión ‘top’ en 51.

En resumen: tenemos cinco fuentes con sus calificaciones. Cada una tiene su lado bueno y su lado malo. Lo fácil era sacar un promedio y ya. Pero no.

¿Dejamos que la opinión de la gente de a pie (entre quienes están los que saben y los que no de cine y de periodismo; los que tienen buen gusto y los que no) tenga el mismo peso que la de un experto? ¿Un grupo de 50 críticos sabe más que decenas de miles de personas? ¿Le damos la misma valoración a una puntuación obtenida de medio millón de votantes que a una de 50.000? ¿Por qué utilizar unas bases de datos y no otras? ¿Tiene el mismo peso el puntaje de 38 críticos que el de 250? ¿Nos sirve igual lo que le gusta a un gringo, que a un español o latinoamericano?

Aquí quisimos poner nuestra buena dosis de subjetividad. Descubrimos que, en general, la percepción de este autor sobre el “me gusta/no me gusta” de una película es más cercana a la de los críticos, sobre todo los de Metacritic, que a la de los usuarios.

También que el usuario de Rotten Tomatoes es más generoso al momento de votar (6,81 sobre 10, en el promedio de todas las películas recopiladas) y que el de Filmaffinity es el más tacaño (6,12 en promedio). Que el crítico de Rotten Tomatoes es casi tan generoso como sus usuarios (6,56), algo más que Metacritic (6,30) y casi igual que IMDB (6,54).

Así que ideamos una fórmula para dar más peso a quienes más coinciden con nuestra visión. Un promedio ponderado con todos los puntajes.

De forma completamente arbitraria decidimos dar un peso mayor al puntaje de Metacritic (nuestro preferido), algo menos a los críticos de Rotten Tomatoes (solamente usamos la puntuación de todos los críticos, no la de los ‘top’) y a cada promedio de los usuarios un peso variable según la cantidad de votos. Antes de eso, estandarizamos todos los puntajes a una nota sobre 10 (si era sobre 100 se dividió para 10 y si era sobre 5 se multiplicó por 2).

Así, el puntaje de Metacritic tendría un peso del 40 % en el resultado final, los críticos de Rotten Tomatoes un 26,67 % (no pregunten por qué) y los usuarios (así sean millones) un 33 % repartido según el número de votos en cada película.

Cuando no hay todos los puntajes la cosa se complica un poco. Así que, en los casos que no había puntuación de uno de los grupos de críticos, usamos solamente el uno y le dimos un peso del 50 %. Si faltaba una puntuación de usuarios, no había problema, el 30 % o 50 % correspondiente se repartía entre las otras dos listas.

¿Lo enredamos más? Resumámoslo así: nuestra puntuación es un promedio, pero en el que cada puntaje tiene un aporte mayor a esa cifra final, según diferentes criterios. La mayor parte de puntuación proviene de Metacritic, luego Rotten Tomatoes críticos y luego los usuarios de tres sitios (IMDB, Filmaffinity y Rotten Tomatoes usuarios), de acuerdo al número de votos.

Después de complicarnos tanto, este promedio ponderado nos dio puntajes diferentes a los de un promedio normal. Ciudadano Kane, por ejemplo, obtuvo en nuestra puntuación 9,27, mientras que el promedio simple de sus cinco puntuaciones dio 8,84. En otros casos, nuestra cálculo da una puntuación más baja que el promedio normal. Sin embargo, en ambas, esta fue la mejor película.

Un cambio más evidente fue el de El gran carnaval, que en nuestra lista es décimo quinta y en el porcentaje simple es séptima.

Al final, 10 películas, de la lista de 66, tienen calificaciones solamente de usuarios. Las incluimos porque todas son de fuera de Estados Unidos o antiguas y, en esos casos, es difícil encontrar calificaciones de expertos.

¿Es la lista perfecta?

Ninguna lista será perfecta, pero nos gusta el resultado de la nuestra. Por muchas cosas, pero sobre todo por lo siguiente:

  • Están los grandes clásicos (Ciudadano Kane a la cabeza), pero sin descuidar a las nuevas, la ganadora del Óscar a la mejor película en el 2015, Spotlight (en el podio), y la candidata al Óscar en el 2018 The Post (muy cerca del ‘top ten’).
  • La lista cubre casi cien años de cine.
  • Utiliza varios criterios para determinar una calificación, no solamente el de un “genio” o varios, ni tampoco el de la gran masa de votantes.
  • Están las estadounidenses, tal vez con más fuerza que el resto de nacionalidades, pero sin excluirlas. Es inevitable el predominio de Hollywood. Y recordemos que cuatro de los cinco puntajes son, en su mayoría, de gente de Estados Unidos. A pesar de eso, está la británica The Killing Fields entre las 10 mejores. Un poco más atrás la italiana Los cien pasos, la surcoreana A Taxi Driver, la francesa Ocurrió cerca de su casa, la danesa El juego del rey, la egipcia Mujeres de El Cairo, la alemana El honor perdido de Katharine Blum, la italiana Sostiene Pereira, la sudafricana Drum, la peruana Tinta roja
  • Están las que fueron aclamadas por la crítica, como Ciudadano Kane y Chantaje en Broadway. Pero también las preferidas por el público, como El gran carnaval, Primera plana y Grita libertad, mejor valoradas por los usuarios que por los críticos, cosa rara en esta lista.
  • Hay poco conocidas, como Drum, Corazones solitarios, Sed de escándalo, Trágica información o Interview (la holandesa, no su versión estadounidense), tanto como las muy conocidas El diablo viste de Prada, Spotlight o Buenas noches, y buena suerte.
  • También encontramos las firmadas por nombres famosos, de los que tienen estrellas en el paseo de la fama, de los míticos como Orson Welles, Frank Capra, Elia Kazan, Billy Wilder, Fritz Lang y Alfred Hitchcock, así como de los más actuales, como George Clooney, Steven Spielberg, Oliver Stone y Michael Douglas.
  • Las películas son las que tratan al periodismo como tema principal o secundario. No, no están las de Emanuelle, Superman, ni Spiderman. Y tampoco algunas bien calificadas, pero que tocan a esta profesión casi como un pretexto, como Sunset Boulevard, Eva al desnudo, Sucedió en una noche o Almost famous. Y los que casi ni lo topan, como Al final de la escapada o Ciudad de Dios.
  • Incluso tuvimos que desprendernos de películas que tratan temas relacionados con otros aspectos de los medios, como Un rostro en la multitud, The Truman Show, Tootsie o Capote. Y de otras que, aunque nuestro oficio está solamente de paso por ellas, dejan interesantes lecciones periodísticas, como El hombre que mató a Liberty Valance o L. A. Confidential. Para no dejarlas fuera haremos dentro de poco una lista más amplia con estas y otras películas, además de otros temas de cine periodístico.

Las 66 mejores películas sobre periodismo

Ahora sí, la lista final (el título original tiene un enlace a Wikipedia):

Puesto Título en español Título original Año Director Puntaje
1 Ciudadano Kane Citizen Kane 1940 Orson Welles 9,279
2 Chantaje en Broadway Sweet Smell of Success 1957 Alexander Mackendrick 9,065
3 Spotlight / En primera plana Spotlight 2015 Thomas McCarthy 8,77
4 Luna nueva His Girl Friday 1940 Howard Hawks 8,5
5 Network, un mundo implacable Network 1976 Sidney Lumet 8,472
6 Todos los hombres del presidente All the President’s Men 1976 Alan J. Pakula 8,251
7 El dilema / El informante The Insider 1999 Michael Mann 8,095
8 Los gritos del silencio The Killing Fields 1984 Roland Joffé 8,088
9 Al filo de la noticia / Detrás de la noticia Broadcast News 1987 James L. Brooks 7,895
10 Nightcrawler Nightcrawler 2014 Dan Gilroy 7,852
11 The Post: Los archivos del Pentágono The Post 2018 Steven Spielberg 7,85
12 El desafío: Frost contra Nixon Frost/Nixon 2008 Ron Howard 7,84
13 Enviado especial Foreign Correspondent 1940 Alfred Hitchcock 7,821
14 Los cien pasos I cento passi 2000 Marco Tullio Giordana 7,813
15 El gran carnaval The big Carnival / Ace in the Hole 1951 Billy Wilder 7,798
16 La voz de la primera plana Park Row 1952 Samuel Fuller 7,797
17 Buenas noches y buena suerte Good Night, and Good Luck 2005 George Clooney 7,778
18 Medio ambiente frío Medium Cool 1969 Haskell Wexler 7,745
19 Trágica información Scandal Sheet 1952 Phil Karlson 7,67
20 Rojos Reds 1981 Warren Beatty 7,635
21 Salvador Salvador 1986 Oliver Stone 7,634
22 Corredor sin retorno Shock Corridor 1963 Samuel Fuller 7,6
23 Juan Nadie Meet John Doe 1940 Frank Capra 7,575
24 Balibo Balibo 2009 Robert Connolly 7,566
25 Mientras Nueva York duerme While the City Sleeps 1956 Fritz Lang 7,55
26 A Taxi Driver A Taxi Driver / Taeksi Woonjunsa 2017 Hun Jang 7,471
27 Ocurrió cerca de su casa C’est arrivé près de chez vous 1992 Rémy Belvaux 7,453
28 El juego del rey Kongekabale / King’s Game 2004 Nikolaj Arcel 7,424
29 El síndrome de China The China Syndrome 1979 Michael Douglas 7,393
30 Mujeres de El Cairo Ehky ya Scheherazade / Scheherazade Tell Me a Story 2009 Yousry Nasrallah 7,376
31 El honor perdido de Katharine Blum The Lost Honour of Katharina Blum / Die verlorene Ehre der Katharina Blum 1976 Volker Schlöndorff 7,332
32 El precio de la verdad Shattered Glass 2003 Billy Ray 7,328
33 Sostiene Pereira Sostiene Pereira 1995 Roberto Faenza 7,296
34 Sed de escándalo Five Star Final 1931 Mervyn LeRoy 7,265
35 Yo creo en ti Call Northside 777 1948 Henry Hathaway 7,238
36 El cuarto poder Deadline – U.S.A. 1952 Richard Brooks 7,224
37 La cortina de humo Wag the Dog 1997 Barry Levinson 7,211
38 La barrera invisible Gentleman’s Agreement 1947 Elia Kazan 7,186
39 Christine Christine 2016 Antonio Campos 7,159
40 Un corazón invencible A Mighty Heart 2007 Michael Winterbottom 7,134
41 Drum Drum 2004 Zola Maseko 7,097
42 Ha entrado un fotógrafo Picture Snatcher 1933 Lloyd Bacon 7,074
43 El gran reportaje The Front Page 1931 Lewis Milestone 7,067
44 Bienvenidos a Sarajevo Welcome to Sarajevo 1997 Michel Winterbottom 7,038
45 Bajo el fuego Under Fire 1983 Roger Spottiswoode 7,036
46 El año que vivimos peligrosamente The Year of Living Dangerously 1982 Peter Weir 7,005
47 Sucedió mañana It Happened Tomorrow 1944 René Clair 6,98
48 El secreto de Joe Gould Joe Gould’s Secret 2000 Stanley Tucci 6,954
49 Más allá de la duda Beyond a Reasonable Doubt (1956) 1956 Fritz Lang 6,921
50 Hannah Arendt Hannah Arendt 2012 Margarethe von Trotta 6,917
51 La que apostó su amor Front Page Woman 1935 Michael Curtiz 6,897
52 En defensa del reino Defence of the Realm 1986 David Drury 6,878
53 Interview Interview (2003) 2003 Theo Van Gogh 6,873
54 Tinta roja Tinta roja 2000 Francisco Lombardi 6,871
55 Primera Plana The Front Page 1974 Billy Wilder 6,839
56 La sombra del poder State of Play 2009 Kevin MacDonald 6,798
57 Nada más que la verdad Nothing but the Truth 2008 Rod Lurie 6,767
58 También somos seres humanos The Story of G.I. Joe 1945 William Wellman 6,717
59 Fletch, el camaleón Fletch 1985 Michael Ritchie 6,668
60 Detrás de la noticia The Paper 1994 Ron Howard 6,631
61 Corazones solitarios Lonelyhearts 1958 Vincent J. Donehue 6,619
62 El diablo viste de Prada The Devil Wears Prada 2006 David Frankel 6,613
63 Enséñame a querer Teacher’s Pet 1958 George Seaton 6,612
64 El americano tranquilo The Quiet American (1958) 1958 Joseph Mankiewicz 6,603
65 Ausencia de malicia Absence of malice 1981 Sidney Pollak 6,597
66 Grita libertad Cry Freedom 1987 Richard Attenborough 6,581

¿Falta o sobra alguna película? Cuéntanos en los comentarios.

 

Juan Francisco Beltrán


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El Telégrafo cambia uno de sus patrones, pero cambia poco

El Telégrafo, el diario manejado por el gobierno nacional, mantuvo durante los últimos años un patrón de comportamiento, una pauta reconocible, predecible y a veces hasta risible: todo lo que era a favor del gobierno se destacaba, se ponía en escena. Lo que era en contra del entonces presidente Rafael Correa, su vicepresidente, Jorge Glas, o sobre cualquier elemento negativo de esa administración, era respondido, atacado, menospreciado o simplemente ignorado.

Con la llegada al poder del presidente Lenín Moreno las cosas cambiaron. Ese comportamiento asumido por El Telégrafo, el de la defensa de todo lo que huela a correísmo, casi desapareció.

Ese patrón cambió, pero poco cambió.

El Telégrafo usaba el establecimiento de la agenda (agenda setting) y el encuadre (framing) para fines propagandísticos partidistas.

La definición de la agenda y el encuadre de las noticias (lo que se muestra de los hechos publicados) son elementos que Correa siempre criticó a los medios privados, pero que el diario gubernamental los usaba a favor del entonces presidente.

Al poco tiempo de asumir el gobierno, Moreno colocó a Andrés Michelena, uno de sus hombres de confianza, en el manejo de los medios mal llamados públicos. Fue contratado un exeditor de El Comercio, Fernando Larenas, para dirigir el diario estatal y recontrató a Hernán Ramos (hoy fuera del diario), quien fue el segundo a bordo del anterior director, Orlando Pérez, y director encargado de este periódico un par de meses durante el último año del correísmo.

Larenas llegó con el discurso del cambio, de hacer periodismo, de no ser un órgano de propaganda, un periodismo por donde circulen todas las voces, decía. El discurso sonaba bien y más al venir de alguien que trabajó en El Comercio, un medio más equilibrado y serio que el promedio nacional.

Pero, ¿en realidad cambió El Telégrafo?

Es difícil cambiar un diario en poco tiempo (ya van casi seis meses), porque eso significa modificar la cultura de la sala de redacción, luchar contra la resistencia al cambio y, en ocasiones, invertir mucho dinero.

No es fácil, pero hay cosas que se pueden ver de un día para el otro. Solamente falta decisión, como la que se necesitó para sincerar las cifras de circulación de El Telégrafo, infladas durante la anterior administración.

Y hay otras cosas mucho más rápidas de ejecutar cuando están a cargo de quienes llegan con la idea de cambio. En un periódico, eso se refleja en la portada. Ahí, donde el director tiene todo el poder de decisión, se puede colocar el faro que guíe un cambio.

La portada o tapa es un declaración de intenciones, de lo que quiere un diario, de cómo quiere ser visto. Es una ratificación diaria del “esto somos”.

¿Y qué es ahora El Telégrafo? Respuesta: Lenín Moreno.

La cara de Moreno

La imagen que dominaba las portadas de El Telégrafo, Rafael Correa, ha desaparecido. Ahora es la de Lenín Moreno. Cambiar algo para que nada cambie.

La cara de Moreno está por todo lado. En una revisión de las 167 portadas de El Telégrafo, del 18 de julio al 31 de diciembre del 2017, es decir, durante el tiempo que ha estado a cargo de la nueva administración, encontramos que Moreno aparece en 27 fotos (16,17 %), de ellas 19 (11,38 %) fueron principales.

Moreno serio. Moreno sonriente. Moreno distendido. Moreno amable. Moreno líder. Moreno querido. Moreno amado. Moreno satisfecho. Moreno magnánimo. Moreno cercano. Moreno estadista. Moreno esperanzado. Moreno decidido. Moreno visionario. Moreno generoso. Moreno afable. Moreno amable. Moreno firme.

Moreno solo. Moreno con el pueblo. Moreno con maquetas de casas. Moreno con sus antiguos opositores. Moreno con los niños. Moreno con las masas. Moreno con un Glas preocupado y derrotado. Moreno en la tarima. Moreno en el balcón de Carondelet. Moreno en la ONU. Moreno con los indígenas. Moreno con los militares. Moreno en bus. Moreno en su partido. Moreno en cumbres presidenciales. Moreno con sus homólogos. Moreno con sus partidarios. Moreno con el papa Francisco.

Moreno con camisa. Moreno con saco y corbata. Moreno con camisa deportiva. Moreno con chaleco. Moreno con la banda presidencial. Moreno con abrigo. Moreno en fotos. Moreno en dibujos. Moreno, Moreno, Moreno…

Esperen, todavía hay más Moreno.

El apellido de Moreno

Lenín Moreno está mencionado en los titulares de 52 portadas (el 31,14 %). La forma principal es por su apellido, pero en ocasiones se cambia a palabras como gobierno, ejecutivo o presidente.

Lo que más se repite es la palabra “Moreno”, que estuvo en 34 portadas (el 17,96 %). 21 fueron en el título principal (12,57 %).

Incluso existen fórmulas de titulación definidas y repetitivas. Por ejemplo: nombre del presidente + verbo + complemento. Se han usado varios verbos (denuncia, invita, presidió, acepta, acude, agrupa, aprieta, decide, deroga, encarga, entrega, invita, limita, pide, recibe, transparenta…), pero todavía no se les acaban y es previsible que esta fórmula se mantenga.

Esto es oficialismo puro. Pero, pausa, oficialismo no quiere decir subordinación al poder. Seguir la agenda oficial, lo hacen muchos (aunque esté mal), pero eso no quita que adopten una actitud crítica, imparcial, alejada del poder.

Quiten la pausa. En el caso de El Telégrafo, no solamente es oficialismo, es un oficialismo cargado de declaracionismo, de trasiego de opiniones desde el gobierno al papel, de cero cuestionamiento. Es un oficialismo sumiso. Es un oficialismo que sirve como instrumento del poder político.

Un oficialismo que se empeña en usar titulares para aplaudir a Moreno:

  • Moreno transparenta las cuentas fiscales del país (29/7/2017).
  • El plan de Moreno es atraer divisas (31/7/2017).
  • Moreno recibe apoyo de 72 colectivos y 22 organizaciones sociales (8/8/2017).
  • El Gobierno asistirá a víctimas de accidentes (17/8/2017).
  • El Gobierno toma la batuta en la lucha contra la violencia de género (25/8/2017).
  • El discurso de Moreno afianza su aceptación (28/8/2017).
  • Moreno limita viajes, asesorías y contrataciones (7/9/2017).
  • Moreno llevará un mensaje de paz a la ONU (18/9/2017).
  • Ecuador lideró propuesta social (23/9/2017).
  • Gobierno mejora la relación entre el capital y el trabajo (19/10/2017).
  • Cedatos: Aceptación de Moreno es del 73% (11/11/2017).

Titulares en los que la noticia no es las fiestas de las ciudades (ya de por sí un tema flojo), sino que Moreno acuda o que su agenda se trate en esas celebraciones:

  • Lenín Moreno presidió los festejos por los 197 años de Independencia de Cuenca (4/11/2017).
  • Lenín Moreno y su gabinete sesionaron en Ambato por las fiestas de la ciudad (10/11/2017).
  • Plebiscito fue el tema en homenaje a Quito (7/12/2017).

Titulares en los que la noticia es lo que dijo Moreno:

  • “Que (Correa) no se esconda en las fronteras”: Moreno (22/11/2017).
  • “Sacaremos adelante este proyecto” (13/9/2017).
  • Moreno: “Los miembros del CPCCS deben irse a su casa” (26/10/2017).
  • Lenín Moreno a los jueces: “Practiquen la independencia” (9/9/2017).

Diga lo que diga, incluso obviedades o generalidades:

  • “El diálogo es la herramienta para construir sociedades de paz” (21/9/2017).
  • Lenín Moreno: ‘Tenemos que respetarnos’ (7/11/2017).

Titulares en los que es noticia alguna denuncia de Moreno:

  • Lenín Moreno denuncia espionaje en su despacho (16/9/2017).
  • Moreno deroga el Decreto 16 y denuncia fallas en 640 obras (24/10/2017).

Titulares en los que se muestra la bueno que es Moreno y lo malo que es Glas:

  • Moreno entrega bonos y Glas se dedica a la política (5/8/2017).
  • Moreno acude al pueblo; J.G. con prisión preventiva (3/10/2017).

Titulares en los que la noticia pasa por Moreno, no por los hechos, sino por su presencia en ellos:

  • Lenín Moreno se reunió con los delegados de Santos y del ELN (29/8/2017).
  • 100 días de Lenín Moreno (31/8/2017).
  • Moreno se reunió con presidentes en la ONU (20/9/2017).
  • Moreno encarga la Vicepresidencia a su ministra de Vivienda (5/10/2017).
  • Presidentes Moreno y Hernández se reunieron (14/10/2017).
  • Moreno acepta salida de León de la CFN (22/12/2017).

En resumen: el presidente de la república apareció en 63 portadas (37,72 %), con foto o nombre y en muchos casos con ambos. Es decir, el lector de El Telégrafo recibió, en promedio, una dosis de Moreno en primera plana cada tres ediciones.

¿Medios públicos?

No todavía.

Ha cambiado uno de los patrones de El Telégrafo, es cierto. Tal vez ya no se mancille la honra de nadie ni se mantenga la guerra con los medios privados, porque ya no es necesario, como dijo Michelena. Al final, ya son y dicen casi lo mismo. Pero en buena parte sigue siendo el mismo medio gobiernista de antes, pese a que el mismo presidente les pidió lo contrario: “No se puede convertir a los medios de comunicación en herramientas de propaganda del Gobierno de turno”

Otra vez la agenda setting y el framing para beneficiar a un político. Otra vez El Telégrafo convertido en periódico oficial.

A los anticorreístas les debe complacer que no se vea al expresidente en las páginas de El Telégrafo y que no sea un cuartel para la guerra política violenta. A los periodistas, en cambio, nos debe preocupar que esos sean los únicos cambios; buenos, pero insuficientes.

Todavía se siente ahí el espíritu de los periódicos gobiernistas (El Telégrafo y el otro diario del gobierno, El Tiempo) que llegaron a su clímax de parcialización durante las elecciones del 2017 para apoyar a ¿adivinen quién?:

El Telégrafo (6/feb./2017).

El Tiempo (6/feb./2017).

Ahora, para terminar el año, El Telégrafo publicó una primera plana dibujada, en la que también apareció Lenín Boltaire Moreno Garcés:

El Telégrafo (31/dic./2017).

(Un reto: ¿cuántas veces aparece Moreno en esta portada?).

Mientras su director lanzaba un aplauso de pie por su jefe mayor: “El insulto como arma política fue desterrado”, aseguraba Fernando Larenas para cerrar el año.

Así no debería ser un medio, ni público ni privado. Porque periodismo, el verdadero periodismo, es publicar lo que alguien no quiere que se publique. Lo demás son relaciones públicas. O, como dijo un periodista gringo: “Cualquier cosa que un patrón quiera ver publicada es publicidad; cualquier cosa que no quiera ver en el periódico es noticia”.

Esperar todavía que El Telégrafo cambie y se convierta en un periódico de verdad, en un perro guardián del poder (pdf), es, como dice Ricardo Tello, una soberana ingenuidad. Más cuando existen denuncias de imposición de temas y enfoques a sus periodistas.

Cómo tener medios públicos

Hoy, en el Día del Periodismo Ecuatoriano, sumamos un año más sin medios públicos, pero con muchos medios del gobierno. Para que eso cambie no solamente se necesita la voluntad de sus empleados, sino decisiones que los conviertan en verdaderos medios públicos, mucho mejores que los privados: independencia administrativa (que el gobierno no ponga a los directivos), independencia económica (que no dependa del dinero del gobierno ni de los anunciantes) y, como contrapeso, un fuerte control y vigilancia desde diferentes sectores, sobre todo ciudadanos y profesionales.

Si no, en vez de perros guardianes, los medios del gobierno seguirán siendo perros falderos.

Juan Francisco Beltrán


 

Notas relacionadas:

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¿Qué es y de qué sirve un medio público? Rubén Darío Buitrón.

El Telégrafo, el periódico que ya fue.

La mentira que se le cayó a El Telégrafo.

Tres youtubers para adultos no ‘millennials’ que recomendamos seguir

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Los youtubers han creado un estilo nuevo, una forma diferente de hablarle a los jóvenes a través de videos alojados en Youtube. ¿Jóvenes? En realidad, los youtubers no son solamente para aquellos etiquetados de forma injusta, imprecisa e incorrecta bajo el nombre de “millennials”.

Hoy reivindico a los youtubers que nos gusta a quienes somos un poco mayores, para los de la generación x, los “baby boomers”… o para quienes tienen más de 40 (o de 43, como Daniel Samper).

Menciono tres a quienes sigo y son los que más me gustan. Dos son colombianos y una es española. Por lo general hablan de los hechos de sus países, claro. A quienes no somos de Colombia o España ni vivimos en esos países, su gracia y calidad los hace imprescindibles para enterarnos de esas realidades y escuchar una opinión al respecto.

Tienen varias cosas en común: humor, seriedad (no es contradicción: dicen cosas serias con gracia), éxito y que los tres iniciaron a mediados del año 2016.

Aunque esta casa no acostumbra a regalos navideños ni de reyes, les deja este regalito para iniciar bien el año 2018 (el orden no implica preferencias):

1. #HolaSoyDanny.

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Daniel Samper (de la portada del libro Hola soy Danny).

Daniel Samper Ospina, uno de los articulistas más interesantes de Colombia, se convirtió hace algo más de año y medio en “uno de esos muchachos que graba videos.

Lo tenía fácil, porque, como lo admitió, los youtubers “dicen todas las pendejadas que se les ocurren, así no lo piensen mucho (como los columnistas)”.

Y de ahí en adelante, el éxito. Vino su puto libro (con el que quiso imitar a Germán Garmendia y colapsar la Feria del Libro de Bogotá), después su puta obra, invitaciones de otros youtubers, notas en medios internacionales

Los videos del canal #HolaSoyDanny tienen mucho éxito. Los más vistos son:

Mi primer video XXX: No apto para menores de 40. Con la actriz porno Esperanza Gómez (y tal vez gracias a ella) tiene casi tres millones de vistas.

Fuimos a marchar contra la corrupción (pero no les gustó) ft. Vladdo (ganador del premio Simón Bolívar de periodismo en la categoría de mejor programa de opinión de televisión). 966.000 vistas.

Mi primer video youtuber a los 40. 789.000 vistas.

¿Renuncio o no renuncio? 686.000 vistas.

Mi barriga: Una pesadilla de 40. 607.000 vistas.

Enlaces:

Este es su canal de Youtube: #HolaSoyDanny.

Su Twitter: @danielsampero.

Su Facebook: DanielSamperO.

Su Instagram: @danielsamperospina.

Acá puedes leer sus artículos: Daniel Samper Ospina.

Este es el video más reciente y es un buen resumen del canal durante estos últimos meses:

2. Marta Flich.

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Marta Flich (tomado de facebook.com/marta.flich).

Marta Flich no solamente es una muy buena crítica que derrama sarcasmo. Es, además, alguien “que hace que la economía sea sencilla y divertida“.

Es economista y actriz. Sus dos profesiones le ayudan a que sus videos sean más efectivos.

Tras el éxito de su canal, vino el fichaje por parte de El HuffPost y empezó a llamar más la atención de los medios.

Su canal propio en Youtube está sin actualización desde hace un año y desde entonces la encontramos en el de El HuffPost.

De sus dos canales, estos son los videos más vistos:

No te chines. 72.000 vistas.

La República de Catalunya. 50.000 vistas.

La cena de los idiotas. 36.000 vistas.

¡No os marchéis! El llamamiento de Marta Flich a los catalanes. 31.000 vistas.

¡Qué coñazo con el feminismo! 30.000 vistas.

Enlaces:

Este es su canal en Youtube: Marta Flich.

Su Twitter: @martaflich.

Su Facebook: Marta Flich.

Su Instagram: @martaflich.

Y el canal de El HuffPost.

Este es un ejemplo de cómo explica la economía con gracia:

3. La Pulla.

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María Paulina Baena (de la @LaPullaOficial).

No es una persona, es un equipo. Está lleno de información, de crítica vehemente, de ironías y posiciones claras en las que no se cortan para tocarle las narices desde Álvaro Uribe hasta Timochenko, pasando por Juan Manuel Santos. Tiene todo eso y algo más de producción que los anteriores.

Su lema es “Emberraquémonos con argumentos” y se publica como un espacio de opinión del diario El Espectador.

También les vino el éxito. La Pulla ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 2016 en la categoría Televisión en opinión, su presentadora fue a las charlas TEDx, a las del Festival Gabriel García Márquez y su trabajo se difundió en medios internacionales.

Dos elementos adicionales que destacar: la presentadora principal, María Paulina Baena, no solamente habla muy bien (y duro, duro), también participa en la elaboración de los guiones. Y lo otro, relacionado a lo anterior, es que esos guiones, que le dan un toque más profesional al proyecto, son hechos por un equipo de cinco o seis periodistas. Aunque se extraña el enlace con las fuentes de los videos iniciales.

No a todos les gusta La Pulla, ni su tonito o su rabia, pero eso, el tono, la polémica y el generar debate, son factores de su éxito.

Estos son los videos más vistos de La Pulla:

Venezuela está jodida por todos lados. 667.000 vistas.

Esta fue la paz de Uribe – La Pulla con #HolaSoyDanny. Con esta tremenda mezcla, 646.000 vistas.

El plebiscito sacó la peor porquería de Colombia. 483.000 vistas.

Al Bronx lo partieron como a piñata y ahora hay dulces por toda Bogotá. 438.000 vistas.

Dejen que los homosexuales adopten. 402.000 vistas.

Enlaces:

Este es su canal en Youtube: La Pulla.

Y su Twitter: @LaPullaOficial.

Este video explica qué es La Pulla:

Bonus: La redacción al desnudo.

Que el director de un periódico salga a hacer autocrítica y a responder comentarios de sus lectores sobre su medio de comunicación no es algo que se vea mucho por estos lares (ni por ninguno).

Por eso merece una mención especial Fidel Cano, el director de El Espectador (sí, el mismo de La Pulla), por llevar seis años autoflagelándose en Youtube.

Dicen que Cano (sobrino del mítico Guillermo Cano) es de una “sinceridad brutal” y él sostiene que “los periodistas no estamos para ocultar información”.

Esta es la lista de Youtube con los videos de La redacción al desnudo.

El canal de El Espectador: Elespectadorcom.

Y el Twitter del director: @fidelcanoco.

El primer video de La redacción al desnudo (del 24 de junio del 2011):

Y el más reciente de Redacción al desnudo (del 26 de diciembre del 2017):

¿Esto es periodismo?

Sí, periodismo de opinión. Y tal vez los youtubers mencionados no solamente se inspiran en una moda de los jóvenes para llegar a más gente, sino que asumen nuevos formatos que los medios tradicionales se tardan en probar.

O tal vez sí, son youtubers para mileniales, pero para los que nacimos un poquito antes de las fechas arbitrarias impuestas por quién sabe quién.

A disfrutarlos, “millennials” crecidos.

Juan Francisco Beltrán


La mentira que se le cayó a El Telégrafo

Ocurrió de un día para el otro, de forma brusca. Hasta el 13 de agosto del 2017 el diario estatal El Telégrafo tenía un tiraje de 17.000 ejemplares y a partir del día siguiente, el 14 de agosto, bajó a 10.000.

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¿En cuestión de horas El Telégrafo perdió cerca de la mitad de sus lectores? ¿Decidió bajar su circulación por alguna extraña estrategia? ¿Es una decisión ecológica para matar menos arbolitos?

Ninguna de esas respuestas es la correcta. O, al menos, no corresponden a la explicación de ese medio. La razón fue que, a partir de ese día, los nuevos directivos decidieron poner en portada, como manda la Ley de Comunicación, la cantidad verdadera de ejemplares. El Telégrafo imprimía 17.000 diarios, pero “7.000 se botaban a la basura”, según Andrés Michelena, actual gerente general de medios públicos y “hombre cercano al presidente Lenín Moreno”.

El dato publicado hasta principios de agosto, a pesar de una supuesta auditoría oficial, era una mentira impúdica. Pero en años anteriores era todavía mayor: era una mentira monumental. Por ejemplo, en el 2013 (cuando ya no se regalaban ejemplares) decían sacar al mercado 26.000 periódicos por día.

Esos 7.000 ejemplares adicionales que se imprimían hasta agosto significaban el 41 % del tiraje. Esa mentira (y desperdicio) es todavía peor si tomamos en cuenta que era sostenida por personas que militaban de forma rabiosa en el gobierno que impuso la obligación de publicar el tiraje en cada edición y de auditarlo. Esa era una medida que apuntaba a que no se inflen las cifras o se pongan “al ‘ojo’ del dueño”, decían. Algo que, por lo demás, es frecuente en un sector que debería luchar contra las mentiras. Por eso hay quienes dicen que existen las mentiras, las malditas mentiras y las cifras de circulación de los periódicos.

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Auditoría de la Supercom

Esta mentira, la de El Telégrafo, fue validada por la Superintendencia de Comunicación (Supercom) cuando auditó el tiraje en el 2015.

Es evidente ⎯por no aventurar una teoría menos piadosa⎯ que no funciona ese método en el que, se supone, contrastan documentos de comercialización, producción, distribución y facturación de ejemplares.

Esa falla en el control ocurrió pese a que ya había indicios de que algo sucedía. Por ejemplo que, según Contraloría, El Telégrafo perdió 3,3 millones de dólares en tres años por regalar periódicos, o que, entre enero del 2007 y enero del 2010, hubo un tiraje de 22,4 millones de ejemplares (unos 20.500 por día, en promedio), pero de ellos solamente 18 millones (16.500 diarios) eran aptos para la distribución. O que la información sobre la circulación y lectoría de este diario era, antes de la aprobación de la Ley de Comunicación, un secreto incluso hasta para sus propios empleados, hasta el punto de que el diario estatal presento un recurso de habeas data para prohibir la divulgación de cifras de su lectoría diaria.

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Un anuncio mentiroso

A pesar de eso, cuando El Telégrafo compró El Tiempo a fines del 2015, Santiago León, gerente general de Editogran S.A. (la empresa que editaba El Telégrafo), anunció que la meta era que el diario cuencano supere los 10.000 ejemplares de tiraje en un periodo dos años. Un diario local, según León (ahora presidente del Directorio de la CFN), debía alcanzar una circulación similar a la real del diario nacional que él gerenciaba. Una mentira más.

Ahora ya no están en El Telégrafo ni León ni su director durante los últimos cinco años, Orlando Pérez. Los nuevos administradores decidieron, un mes después de su nombramiento, sincerar las cifras del tiraje. Una mentira menos.

Actualización:

Michelena habló el 24 de octubre del 2017 sobre algunos problemas de los medios públicos, que fueron manejados, aseguró, “de manera propagandística y mediocre, dispendiosa e, indolente”. Uno de ellos es El Telégrafo. En este diario, dijo, había una devolución de ejemplares de más del 65 %.

@Columna5


Notas relacionadas:

Los cuatro periodistas de ‘Cien años de soledad’ y el inicio de Gabriel García Márquez en el periodismo


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Cien años de soledad, con la portada del artista Vicente Rojo. (JFB)

En el libro más famoso de uno de los periodistas más famosos del siglo XX, el periodismo casi no tiene espacio. En Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, apenas hay una parte en la que aparecen periodistas, casi al final del libro. Pero no son mostrados como periodistas, sino como bohemios enciclopédicos que mantenían “sesiones tormentosas que empezaban en la librería a las seis de la tarde y terminaban en los burdeles al amanecer”.

Ellos, los periodistas, son amigos de Aureliano Babilonia, un aficionado a los libros y el más sabio de la estirpe de los Buendía.

Los personajes no son periodistas en la ficción, pero sí lo fueron en la realidad. Son “los cuatro discutidores”: Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel, “los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida” el penúltimo de los Aurelianos, como consta en el libro que en mayo del 2017 cumplió 50 años de su primera edición.

Esos cuatro intelectuales son los periodistas y escritores Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y el mismo Gabriel García Márquez.

Fueron parte de la “media docena de amigos que empezaban a ser conocidos en los medios periodísticos e intelectuales del país como el grupo de Barranquilla“, cuenta el escritor en su libro autobiográfico Vivir para contarla.

El grupo, que se reunía en el café La Cueva en los años 40 y 50, también incluía a los artistas Alejandro Obregón y Orlando Rivera “Figurita, así como a Julio Mario Santo Domingo, quien se convirtió en uno de los empresarios más ricos de Colombia. El grupo tenía como guía al escritor y periodista José Félix Fuenmayor y al catalán Ramón Vinyes, llevado también a Cien años de soledad como “el sabio catalán”.

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Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda, Alfredo Delgado, Rafael Escalona y Alfonso Fuenmayor, en Barranquilla. (El Heraldo)

Los tres distinguidos

García Márquez destaca a tres integrantes del grupo original, quienes se distinguían —afirma en Vivir para contarla— “por su independencia y el poder de sus vocaciones: Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y Álvaro Cepeda Samudio”. Con ellos, asegura, tenía “tantas cosas en común que se decía de mala leche que éramos hijos de un mismo padre”.

El Gabo y sus tres amigos son los personajes de Cien años de soledad con quienes Aureliano Babilonia “se sentía vinculado (…) por un mismo cariño y una misma solidaridad, hasta el punto de que pensaba en ellos como si fueran uno solo”.

Son ellos a quienes se refiere García Márquez, pero no los muestra en sus facetas de periodistas, que las tuvieron y muy destacadas, sino como “cuatro muchachos despotricadores” que se encarnizaban en discusiones tan dispares que incluían temas como los métodos de matar cucarachas en la Edad Media.

Los cuatro periodistas de Cien años de soledad:

* Germán Vargas Cantillo (1919-1991): Periodista y escritor, uno de los intelectuales más destacados del país. Publicaba en el periódico El Heraldo sus columnas Un día más y una Ventana al mar.

En el periodismo “se destacó por su equilibrio, por un sentido muy particular de encarar el lenguaje. Lo suyo era la economía de las palabras, la capacidad para incitar lecturas, el permanente llamado a la inteligencia del lector por su agudeza y su profundidad”.

Escribió los libros La violencia diez veces contada y Cinco semblanzas, entre otros. En Voces, 1917-1920, una recopilación de los 60 números de la revista Voces, se incluyen trabajos suyos.

También incursionó en la radio, donde dirigió una radio revista y un noticiero informativo local.

* Alfonso Fuenmayor (1915-1994): Periodista y político. Trabajó en periódicos como el Diario del Caribe, donde fue su director, y El Heraldo de Barranquilla. Ganó el premio Simón Bolívar de Periodismo con sus Crónicas sobre el Grupo Barranquilla, su único libro, publicado en 1981.

Fue hijo de José Félix Fuenmayor, autor de Cosme, la primera novela urbana colombiana, quien marcó con su influencia al grupo de Barranquilla.

Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972): Novelista, periodista y cuentista. Comenzó en el área deportiva del periódico El Nacional. Tuvo una columna en el periódico El Heraldo de Barranquilla y también fue director del Diario del Caribe. Escribió la novela La casa grande, traducida a varios idiomas.

Estudió periodismo en Estados Unidos en 1949 e introdujo en Colombia una visión moderna al oficio periodístico, lo que luego se llamó “nuevo periodismo”.

Cepeda Samudio fue quien enseñó al Gabo que “el periodismo es literatura de urgencia” y que “el reportaje necesita un narrador esclavizado a la realidad”.

Gabriel García Márquez (1927-2014): Escritor y periodista. Él, bien lo sabemos, es uno de los más grandes periodistas en español del siglo XX. Sus trabajos se pueden encontrar en varios libros, sobre todo en los cinco tomos de Obra periodística, que además cuentan con un análisis explicativo a cargo de Jacques Gilard. El espacio queda corto para referirse a su labor como reportero; es mejor ir acá: especial Gracias maestro Gabriel García Márquez, de la FNPI.

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Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez en Barranquilla. (FNPI)

El semanario Crónica y una nueva etapa del Gabo

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Edición de Crónica del 13 de mayo de 1950. (BNC)

Los cuatro, ya como personajes de la vida real, crearon el semanario Crónica. La idea fue de Alfonso Fuenmayor: “un semanario tabloide de veinte páginas, periodístico y literario, cuyo nombre —Crónica— no diría mucho a nadie”, explica García Márquez en Vivir para contarla.

Este “semanario insólito” “era una curiosísima mezcla de deportes y literatura”. Alfonso sería el director, Germán Vargas “sería antes que nada el reportero grande”, Álvaro Cepeda mandaría colaboraciones desde la Universidad de Columbia, en Nueva York, y García Márquez se convertiría en el jefe de redacción, porque “nadie estaba más libre y ansioso que yo para ser nombrado jefe de redacción de un semanario independiente e incierto”.

El primer número se publicó el sábado 29 de abril de 1950 con una divisa de última hora escrita por García Márquez debajo del nombre: “Su mejor weekend”, para desafiar “el purismo indigesto que prevalecía en la prensa colombiana en aquellos años”.

Ese número se vendió en su totalidad y con rapidez gracias a “una noticia grande de interés cultural y social” con el futbolista brasileño Heleno de Freitas, que llegaba para jugar en el Deportivo Junior.

Pero luego de ese primer impulso, el proyecto decayó. “No hubo poder humano ni divino capaz de hacerle entender a ningún público que Crónica no era una revista deportiva sino un semanario cultural que honraba a Heleno de Freitas como una de las grandes noticias del año”, cuenta el Gabo.

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Gabriel García Márquez (2d) en la sala de redacción de El Heraldo de Barranquilla, en 1951. (El Heraldo)

También fue ahí donde el nobel de Literatura hizo su debut como comentarista de fútbol, aunque también fue donde cometió “la gran pifia de mi vida”. En un reportaje con el jugador Sebastián Berascochea, el Gabo lo identificó y describió “como un vasco ejemplar, sólo por su apellido, sin parar mientes en el detalle de que era un negro retinto de la mejor estirpe africana”.

Germán Vargas, años después, afirmó que el reportaje de Berascochea era lo peor de todo lo que García Márquez había escrito.

Pero esta aventura con sus tres amigos marcó un hito en la vida profesional de García Márquez, porque “desde entonces no me gané un centavo que no fuera con la máquina de escribir” y ya nunca dejó de considerarse un periodista.

Realidad y ficción

Ninguno de ellos está ahora. Y como la literatura se entremezcla con la realidad, o al revés, Álvaro fue el primero en irse, como lo había anunciado Cien años de soledad. Murió en 1972. Luego le siguieron Germán (1991), Alfonso (1994) y Gabriel (2014).

Y en Macondo solamente quedó Aureliano Babilonia hasta descifrar la última página de los pergaminos del gitano Melquíades, donde estaba escrito su destino: “que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Juan Francisco Beltrán

@Columna5

 

 


Notas relacionadas:

 

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El Telégrafo, el periódico que ya fue

Cuando terminan los debates de candidatos estudiantiles, los partidarios de cada candidato salen al grito de “¡Ganamos el debate, ganamos el debate!”. Lo hacen porque creen, o esperan que los demás crean, que sí, que ganaron el debate.

Esa es la impresión que dio El Telégrafo al día siguiente del diálogo de los candidatos a la Presidencia de la República el 5 de febrero del 2017. Le gritó al mundo: ¡Ganamos el debate!

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El diario oficialista (no público) ahora marca con más fuerza su postura progobiernista. Eso le hace daño al periodismo y ni siquiera le ayuda al movimiento Alianza País o a sus candidatos. La posición favorable de los medios de comunicación hacia un candidato ayuda poco a mejorar los resultados electorales. Lo sabemos gracias a Donald Trump, como ya lo supimos en Ecuador hace 20 años con Abdalá Bucaram, entre otros casos.

Esta posición de El Telégrafo, ya sin rubores, abona todavía más a la pérdida de credibilidad de la prensa ecuatoriana (la más baja entre los medios de comunicación, con un 37,2 %). Y empuja a los medios hacia la tormenta perfecta de su crisis, al  “gran tsunami que parece estar llevándose por delante la profesión”, como dice Enrique Bullido.

Lo de El Telégrafo no es un problema de portada, de esa y otras (1, 2), ni de una mala elección del título. Es una actitud que se ha vuelto constante, que corre el riesgo de normalizarse y que también cometieron (y siguen cometiendo, pero sin tanta osadía, como la revista Vistazo) los ahora tibios medios privados. Es algo que ahora también lo hace el periódico local El Tiempo (1, 2), propiedad de El Telégrafo desde hace un año.

Esto va más allá de la portada y llega a las páginas interiores, a los textos, a las fotos, a los detalles, como muestra la nota sobre el mismo debate presidencial (clic para agrandar):

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El problema no es tratar sobre política, ni siquiera asumir posturas en ese sentido (el periodismo es, a la final, una labor política), sino la partidización de los medios públicos que, igual que todos, pero más que el resto, deberían actuar como lo que son: administradores de un bien público, la información, elemento imprescindible para la democracia.

El problema es hacer propaganda, relaciones públicas, y no periodismo.

El problema es ser militante de un partido, de un político, de un poder. El problema es parcializarse, ser hincha, seguidor incondicional de un poder, cualquiera que sea.

El problema es que, ahora sí, definitivamente, El Telégrafo ya no es un periódico.

@Columna5


Las llaman encuestas, pero no lo son


Los medios, los periodistas, tenemos la manía de medir la opinión pública sobre todo lo que ocurra. Y no está mal, si no tratamos de mostrarla como la voz del pueblo, que es la voz de… de algo.

Para eso usamos las encuestas. Aunque otras veces usamos otras cosas que llamamos encuestas, pero no lo son. Pedimos la opinión a nuestro público y tenemos unos resultados que, si no son manipulados, pueden mostrarnos la visión de un grupo de personas, pero de ninguna manera podemos decir que es algo representativo del sentir de una sociedad. Eso que llamamos opinión pública.

Poner una pregunta en la que puede votar cualquiera en nuestra web, redes sociales con llamadas o mensajes (es decir, de forma no técnica) puede tener muchos nombres, pero no es una encuesta. Esa palabra nos remite a un producto técnico con “una muestra representativa de grupos sociales”, como explica el diccionario.

La mayoría de periódicos españoles con ocasión del debate de investidura del 2 de marzo hicieron sus “encuestas”. La prueba de que no muestran el sentir de una población es que tienen al menos tres resultados distintos.

Que el mejor fue Pablo Iglesias, dicen Público, El Diario y El Periódico; que Albert Rivera, según El Español y El País; que Rajoy, según ABC, La Razón y El Mundo.

(Seguir leyendo abajo)

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Más que hablar de la percepción ciudadana sobre algo, en este caso el debate de investidura en España, esas “encuestas” nos hablan de cuál es el público de cada medio. O, en último caso, de qué opinan los lectores de un periódico determinado.

Nos queda, a los periodistas, evitar el uso excesivo de este recurso y no mostrar sus resultados como una representación de la opinión pública. Al público, en cambio, nos corresponde no tomar estas falsas encuestas como palabra divina.

Las verdaderas encuestas valen en cierta forma, sí, cuando son bien hechas. Pero no debemos olvidar que, como dice Pierre Bourdieu, la opinión pública no existe y que, como Benjamín Disraeli o Mark Twain (quién sabe) explicaba, hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las encuestas.

@Columna5


 

 

Crisis del papel mata a diario Hoy y hiere a otros medios de Ecuador


Última Tapa Hoy copiasPérdidas por más de cuatro millones de dólares. Eso fue lo que reportó el diario Hoy en el 2013; además, en 11 de los últimos 14 años declaró pérdidas.

Este es el caso más grave de la crisis de los impresos ecuatorianos, pero no el único: la mayoría de periódicos nacionales ecuatorianos tuvo pérdidas el año anterior.

Diario Hoy publicó su última edición impresa el domingo 29 de junio del 2014, 32 años después de estar en los quioscos de Ecuador. Entre las razones de su cierre menciona las que consideran que son causas de la situación económica de la empresa. Un mes después, La Hora de Manabí dio las mismas razones para su cierre.

Su director y mayor accionista, Jaime Mantilla Anderson, dijo en una entrevista con Ecuavisa que el cierre fue consecuencia de las “limitaciones en la inversión en medios de comunicación como manda la Ley de Comunicación y la prohibición de la publicidad en diario Hoy por parte de la Secretaría de Comunicación”. El Gobierno negó que el cierre de Hoy sea por influencia gubernamental, la Ley de Comunicación o la disminución de publicidad oficial.

Diario Hoy no es el primer impreso de circulación nacional que cierra en los últimos meses en Ecuador. Antes lo hizo la revista Vanguardia, el 26 de junio del 2013.

Y no es la única que culpa de su cierre al Gobierno y a la Ley de Comunicación. También lo hicieron los propietarios de la revista Vanguardia, aunque su director, Juan Carlos Calderón, y el jefe de Información, Jean Cano, negaron que así sea, cuando “lo digno era decir ‘quebré’” o mantenerse, “resistir y dar batalla”.

 

Pérdidas de Hoy

En ambos casos, los datos públicos de sus balances y de su declaración de impuestos muestran una situación económica crítica.

Edimpres, la empresa editora de Diario Hoy, declaró el impuesto a la renta en cero desde el año fiscal 2007. En el 2005, por este tributo, que está en relación directa con las ganancias de las empresas, pagó 36.667 dólares y en el 2006 cayó a 12.731 dólares.

Las pérdidas de diario Hoy en el año 2013, según su informe a la Superintendencia de Compañías, fueron de 4.381.317 dólares. Desde el año 2000 hasta el 2013, solamente en tres años reportó ganancias.

¿Puede una empresa mantenerse con pérdidas durante tanto tiempo? Estas son las cifras:

Pérdidas_ganancias Diario Hoy 2000-20133

La editorial Gran Tauro Grantau Cía. Ltda., que publicaba la revista Vanguardia, reportó pérdidas por 462.639 dólares en el año 2012. Desde su creación, en el año 2005, esta empresa declaró ganancias un solo año, el 2008, y solamente por 338 dólares.

 

Los impresos pierden

Otros medios de Ecuador también tienen problemas económicos. De las empresas de diarios nacionales, solamente tuvo ganancias Granasa, que edita Expreso y Extra, el diario sensacionalista más vendido del país, pero al resto le fue mal en el año 2013:

  • Diario El Universo tuvo pérdidas por 1.587.126 dólares.
  • El Comercio perdió 767.038 dólares.
  • El Telégrafo (periódico en manos del Estado) perdió 441.643 dólares.
  • ENSA, la empresa editora de las revistas Vistazo, Estadio, Hogar y Generación 21, tuvo pérdidas por 830.516 dólares.
  • Dinediciones, de Mundo Diners, Soho y Gestión, perdió 496.832 dólares.

Cuadro de pérdidas y ganancias de los medios impresos de Ecuador en el 2013:

Pérdidas de los medios de Ecuador 20133

 

En los años anteriores casi todos los medios nacionales disminuyeron sus ganancias de forma progresiva, sobre todo desde el año 2008. Solamente El Telégrafo, que en el 2011 llegó a perder 5.767.009 dólares, frenó su caída en los últimos dos años y las pérdidas han sido menores.

Así están las pérdidas y ganancias de los medios impresos de Ecuador:

Pérdidas y ganancias medios de Ecuador 2000-2013 2

¿Tendremos la valentía de admitir que nuestro periodismo está mal, que las empresas de periódicos impresos sufren una crisis no solamente económica?

La tormenta perfecta del periodismo impreso llegó al Ecuador. Los medios de papel cambian o mueren. Los medios tradicionales, como explican Ramón Salaverría y Samuel Negredo en el capítulo “La tormenta perfecta” del libro “Periodismo integrado”, “se enfrentan a un aumento de los costes de producción, estancamiento o caída de la difusión, menor inversión publicitaria, desaparición de puntos de venta y aumento de la competencia. Todo al mismo tiempo”.

Y si lo ponemos más claro: el cambio del esquema de comunicación gracias a Internet y las redes sociales, la baja calidad de la oferta periodística y la crisis del modelo de negocio actual de los medios, sumado en Ecuador a la beligerancia del Gobierno contra los medios, crean el escenario ideal para el fin de los impresos, al menos de la forma en que los conocemos ahora.

Tal vez llegó la hora de que solamente haya uno o dos grandes periódicos de referencia por país, como anuncia Bertrand Pecquerie.

Mapa del fin de los periódicos, según futureexploration.net:

mapa del fin de los periódicos

 

Actualización:

La Hora de Manabí también cierra

La Hora manabí cierraUn mes después del cierre de diario Hoy, La Hora de Manabí anunció, el 31 de julio del 2014 que esa era su última publicación.

En un editorial, La Hora culpó de su cierre a la Ley de Comunicación y al Gobierno. ¿Es responsable de este cierre la Ley Orgánica de Comunicación? Según Paulina Mogrovejo, consejera del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación, Cordicom, “absolutamente no”.

Los datos de la Superintendencia de Compañías muestran que la empresa que publicaba este medio, Edimanabí Editora Manabita S.A., tuvo pérdidas en la mayoría de los últimos años.

En los últimos tres años, Edimanabí tuvo pérdidas por 179.054 dólares en el 2010, 98.154 en el 2011 y 122.031 en el 2012.

La crisis económica de esta empresa viene desde tiempo atrás. En el 2000 perdió 103.223 dólares y en el período analizado solamente reportó ganancias en tres años: 2003 (5.988 dólares), 2004 (1.746) y 2006 (5.458).

Este medio manabita era parte de un grupo de periódicos locales ecuatorianos en 12 provincias, todos del mismo nombre, La Hora, pero a cargo de empresas diferentes. ¿Cerrará La Hora en otras provincias? Difícil; aunque la crisis del papel es generalizada, no todos los medios locales o regionales de Ecuador están mal en lo económico e incluso a algunos les va muy bien.

 

Actualización 2:

Diario Meridiano también cierra

El 15 de agosto del 2014, el diario Meridiano, de Guayaquil, también cerró su versión impresa para dedicarse de forma exclusiva a la digital por razones económicas.

 

Actualización 3:

Hoy Digital cierra por pérdidas

cierre hoy digital

Foto de @hamiltnlopz de la redacción vacía de diario Hoy.

La edición digital de Hoy, que quedó vigente luego de que cerró la versión impresa en junio, también cerró el 27 de agosto del 2014 por decisión de la Superintendencia de Compañías.

Edimpres, la empresa de Hoy, es unas de las alrededor de 700 compañías que reincidieron durante dos años en pérdidas del 50 por ciento o más del capital social y que “no presentaron descargos que pudieran demostrar que subsanaron la causal de disolución”, según anunció la Superintendencia.

La SIP criticó esta decisión y las agencias gubernamentales lo volvieron a negar.

 

* Datos obtenidos de la información de los estados financieros consolidados de la Superintendencia de Compañías y de consultas de impuesto a la renta causado del SRI.

 

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11 consejos para periodistas deportivos con ocasión del #Mundial2014


Juan Francisco Beltrán

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¿Cómo ser un buen periodista deportivo? La primera recomendación es no actuar como hincha. El hincha con micrófono es uno de elementos que afectan al periodismo deportivo, pero no es el único. El rigor periodístico, la honestidad en el oficio y el afán de servicio del periodista son, también en esta área, importantes para su buen desempeño.

Les presentamos aquí 11 consejos para el periodista deportivo, ahora que inicia el Mundial de Fútbol Brasil 2014:

 

1.- El periodismo deportivo también es periodismo. Tu función es informar, como en cualquier otra área de este oficio. Aquí se aplican las mismas reglas generales de rigor periodístico, ética, honestidad, equilibrio, contrastación, confirmación…

 

2.- El periodista no debe ser hincha. El periodista hincha no informa, sentencia. No analiza, insulta. No comenta, azuza. No razona, solo siente. No critica, odia. El hincha apoya a su equipo, se alegra cuando gana y sufre pierde; ese apasionamiento impide al periodista dar un buen servicio a su público.

“No puede ser calificado de periodístico algo que abiertamente es parcial y servil hacia sus fuentes”.

José Luis Rojas Torrijos, periodista.

 

3.- Cuenta historias. La información dura (contrataciones, lesiones, resultados, etc.) es importante, pero es ocasional y de trámite rápido. La historia, el relato, es lo que más atrae al público y, por lo general, lo que más útil le puede resultar.

 

4.- El rumor no es noticia. En el periodismo deportivo es común que los periodistas difundan rumores, sobre todo cuando se trata de posibles contrataciones. Ten cuidado, detrás puede haber intereses comerciales o solamente una información falsa. En cualquier caso, difundir informaciones no confirmadas afecta tu credibilidad.

 

5.- Recuerda: es sólo un juego. El deporte es entretenimiento y que pierda o gane un equipo no significa que se acaba el mundo ni que se alcanza el cielo.

 

6.- No seas ingenuo: esto es más que un juego. Además de ser un juego, el deporte es un negocio que tiene intereses por detrás. Y donde hay dinero… El deber de un periodista es descubrir la suciedad en cualquier actividad, incluso en el deporte. Pero no todo es malo, porque además de ser un simple juego que brinda satisfacciones y alegrías, el deporte es una oportunidad para difundir valores, principios, comportamientos éticos, etc.

“Hoy nos encontramos en la urgencia de explicar por qué se manejan tantos millones de dólares, contratos a largo plazo, movimientos de los equipos, creación de megaeventos. Abordar únicamente el tema ligado a la actividad física es quedarse corto en la visión sobre el hecho. Eso ha caducado”.

Iván Pérez, periodista.

 

El periodista deportivo tiene como funciones básicas “informar con veracidad y el máximo rigor, y contribuir a la formación y educación de los ciudadanos”.

José Luis Rojas Torrijos, periodista.

7.- No amargues a tu público ni crees falsas expectativas. Informa, pero recuerda que debes estar junto a tu público, respetar sus tristezas, no machacarle sus sentimientos ni convertirte en parte de un tribunal de la inquisición contra nadie. Hacerle sentir a tu público que su equipo ganará el torneo solamente traerá como consecuencia su decepción si eso no sucede.

 

8.- No eres árbitro ni técnico. El periodista no debe juzgar, sino informar. Muchas veces basta con mostrar algo para que el público “saque sus propias conclusiones”. No necesitas pensar por tu público, él puede hacerlo solo.

“Para que el deporte crezca urge desplegar un periodismo de calidad alrededor de él; más crítico, más interpretativo (…) Adentrarse a los procesos económicos y clarificarlos, evadir la información tergiversada y no minimizar al lector, espectador o navegador mediante frases repetitivas”.

Javier Molina Vizcarra, periodista.

9.- ¿Quieres respuestas inteligentes de los deportistas? Haz preguntas inteligentes.

 

10.- No eres superior. No creas que por ser conocido o por estar cerca de estrellas deportivas eres mejor que el resto de personas. La humildad te permite ser mejor periodista.

 

11.- Un buen periodista deportivo es un periodista culto. El periodismo deportivo no se debe alejar de la cultura ni desligarse del mundo exterior. Un buena cultura es importante para que el periodista pueda brindar un mejor servicio a su público. Vincular el deporte a situaciones diarias de la gente, mostrar su relación con las demás áreas (política, económica, social, etc.), darle un sentido útil al deporte son obligaciones que las pueden cumplir mejor quienes estén más instruidos.

“Hay un periodismo que se ha comido la cultura clásica, que es el periodismo deportivo. Sabemos que no hay que ser precisamente un científico para transmitir partidos de fútbol y es muy atractivo porque genera mucho dinero”.

Rogelio García Lupo, periodista.

 

Enlaces de interés:

El periodismo deportivo.

El periodismo deportivo y otras desgracias.

La dimensión ética del periodismo deportivo: el compromiso social de informar con rigor y formar en valores.

Libro electrónico “2014: El periodismo deportivo en año mundialista” (pdf).

 

Foto: Jimmy Baikovicius.


 

La fastidiosa autopromoción de El Comercio


Todos los medios caen, de vez en cuando, en la autopromoción. Caen en mostrar como noticia algo que es de interés particular del medio y eso los aleja del concepto de servicio público que deben tener los medios de comunicación.

Cada año, por estas fechas, diario El Comercio, de Ecuador, emplea toda su capacidad para hacerse autopromoción con un producto de la empresa, la competencia atlética Quito Últimas Noticias 15 K.

Lo especial de este caso es que la autopromoción no se la hace como cualquier otra. Se hace con despliegue amplio, a seis columnas en portada, nota principal durante cuatro días y 34 noticias en la versión digital con la etiqueta de la carrera. Y las noticias, las verdaderas noticias, ¿dónde se ponen? Por ahí no más, abajo.

Empezó de forma discreta, en la portada, pero abajo. Incluso, con notas útiles, de servicio para los atletas (clic para ampliar):

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Luego fue la noticia principal de cada día hasta llegar a las seis columnas:

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Este año ocurrió, y el anterior también:

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No solamente eso. Resulta chocante entrar en el El Comercio digital, uno de los mejores sitios de los periódicos impresos del Ecuador, y toparse al abrir con dos notas de autopromoción:

autopromoción el comercio

Y bajar un poco más y hallar otra de una campaña impulsada por el medio:

autopromoción el comercio más

No se trata de dar clases aquí sobre qué es noticia o qué es más noticia. Eso ya lo han hecho otros (Fuentes: 1, 2 y 3). Pero si un tema ocupa un espacio tan importante en un medio, en teoría, es que se trata de algo que es “más noticia”, que tiene importancia e interés para su público. ¿En este caso es así o es una ficción creada por el medio?

Javier Darío Restrepo, en el Consultorio Ético de la FNPI, escribe lo siguiente:

“Los intereses de la fuente, los del propio periodista o de su medio, están subordinados al servicio que se le debe prestar al lector” (Fuente).

“Un periodista les debe lealtad a sus lectores y a nadie más. Ni siquiera al dueño del medio que le paga” (Fuente).

“Privilegiar los intereses, afectos o desafectos de los dueños convierten al medio de comunicación en caja de resonancia de una familia, o de una empresa, pero no de una sociedad” (Fuente).

Restrepo también habla sobre la promoción de campañas públicas, como la que hace El Comercio con ¡Compórtate a la altura! (que hasta ofrece premios):

“En algunos manuales de estilo se rechaza la actividad de promoción de campañas públicas con las que medios y periodistas asumen un liderazgo cívico. La razón de ese rechazo es que el compromiso con una campaña restringe y le  quita legitimidad a la acción de medios y periodistas y los introduce en el campo de la actividad política en el que la credibilidad se pone en peligro” (Fuente).

Mal de muchos…, pero El Comercio no es el único. Aunque sí, estoy seguro, el más entusiasta de la autopromoción, de una fastidiosa autopromoción.

Juan Francisco Beltrán


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