Los cuatro periodistas de ‘Cien años de soledad’ y el inicio de García Márquez en el oficio


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Cien años de soledad, con la portada del artista Vicente Rojo. (JFB)

En el libro más famoso de uno de los periodistas más famosos del siglo XX, el periodismo casi no tiene espacio. En Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, apenas hay una parte en la que aparecen periodistas, casi al final del libro. Pero no son mostrados como periodistas, sino como bohemios enciclopédicos que mantenían “sesiones tormentosas que empezaban en la librería a las seis de la tarde y terminaban en los burdeles al amanecer”.

Ellos, los periodistas, son amigos de Aureliano Babilonia, un aficionado a los libros y el más sabio de la estirpe de los Buendía.

Los personajes no son periodistas en la ficción, pero sí lo fueron en la realidad. Son “los cuatro discutidores”: Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel, “los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida” el penúltimo de los Aurelianos, como consta en el libro que en mayo del 2017 cumplió 50 años de su primera edición.

Esos cuatro intelectuales son los periodistas y escritores Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y el mismo Gabriel García Márquez.

Fueron parte de la “media docena de amigos que empezaban a ser conocidos en los medios periodísticos e intelectuales del país como el grupo de Barranquilla“, cuenta el escritor en su libro autobiográfico Vivir para contarla.

El grupo, que se reunía en el café La Cueva en los años 40 y 50, también incluía a los artistas Alejandro Obregón y Orlando Rivera “Figurita, así como a Julio Mario Santo Domingo, quien se convirtió en uno de los empresarios más ricos de Colombia. El grupo tenía como guía al escritor y periodista José Félix Fuenmayor y al catalán Ramón Vinyes, llevado también a Cien años de soledad como “el sabio catalán”.

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Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda, Alfredo Delgado, Rafael Escalona y Alfonso Fuenmayor, en Barranquilla. (El Heraldo)

Los tres distinguidos

García Márquez destaca a tres integrantes del grupo original, quienes se distinguían —afirma en Vivir para contarla— “por su independencia y el poder de sus vocaciones: Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y Álvaro Cepeda Samudio”. Con ellos, asegura, tenía “tantas cosas en común que se decía de mala leche que éramos hijos de un mismo padre”.

El Gabo y sus tres amigos son los personajes de Cien años de soledad con quienes Aureliano Babilonia “se sentía vinculado (…) por un mismo cariño y una misma solidaridad, hasta el punto de que pensaba en ellos como si fueran uno solo”.

Son ellos a quienes se refiere García Márquez, pero no los muestra en sus facetas de periodistas, que las tuvieron y muy destacadas, sino como “cuatro muchachos despotricadores” que se encarnizaban en discusiones tan dispares que incluían temas como los métodos de matar cucarachas en la Edad Media.

Los cuatro periodistas de Cien años de soledad:

* Germán Vargas Cantillo (1919-1991): Periodista y escritor, uno de los intelectuales más destacados del país. Publicaba en el periódico El Heraldo sus columnas Un día más y una Ventana al mar.

En el periodismo “se destacó por su equilibrio, por un sentido muy particular de encarar el lenguaje. Lo suyo era la economía de las palabras, la capacidad para incitar lecturas, el permanente llamado a la inteligencia del lector por su agudeza y su profundidad”.

Escribió los libros La violencia diez veces contada y Cinco semblanzas, entre otros. En Voces, 1917-1920, una recopilación de los 60 números de la revista Voces, se incluyen trabajos suyos.

También incursionó en la radio, donde dirigió una radio revista y un noticiero informativo local.

* Alfonso Fuenmayor (1915-1994): Periodista y político. Trabajó en periódicos como el Diario del Caribe, donde fue su director, y El Heraldo de Barranquilla. Ganó el premio Simón Bolívar de Periodismo con sus Crónicas sobre el Grupo Barranquilla, su único libro, publicado en 1981.

Fue hijo de José Félix Fuenmayor, autor de Cosme, la primera novela urbana colombiana, quien marcó con su influencia al grupo de Barranquilla.

Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972): Novelista, periodista y cuentista. Comenzó en el área deportiva del periódico El Nacional. Tuvo una columna en el periódico El Heraldo de Barranquilla y también fue director del Diario del Caribe. Escribió la novela La casa grande, traducida a varios idiomas.

Estudió periodismo en Estados Unidos en 1949 e introdujo en Colombia una visión moderna al oficio periodístico, lo que luego se llamó “nuevo periodismo”.

Cepeda Samudio fue quien enseñó al Gabo que “el periodismo es literatura de urgencia” y que “el reportaje necesita un narrador esclavizado a la realidad”.

Gabriel García Márquez (1927-2014): Escritor y periodista. Él, bien lo sabemos, es uno de los más grandes periodistas en español del siglo XX. Sus trabajos se pueden encontrar en varios libros, sobre todo en los cinco tomos de Obra periodística, que además cuentan con un análisis explicativo a cargo de Jacques Gilard. El espacio queda corto para referirse a su labor como reportero; es mejor ir acá: especial Gracias maestro Gabriel García Márquez, de la FNPI.

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Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez en Barranquilla. (FNPI

El semanario Crónica y una nueva etapa del Gabo

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Edición de Crónica del 13 de mayo de 1950. (BNC)

Los cuatro, ya como personajes de la vida real, crearon el semanario Crónica. La idea fue de Alfonso Fuenmayor: “un semanario tabloide de veinte páginas, periodístico y literario, cuyo nombre —Crónica— no diría mucho a nadie”, explica García Márquez en Vivir para contarla.

Este “semanario insólito” “era una curiosísima mezcla de deportes y literatura”. Alfonso sería el director, Germán Vargas “sería antes que nada el reportero grande”, Álvaro Cepeda mandaría colaboraciones desde la Universidad de Columbia, en Nueva York, y García Márquez se convertiría en el jefe de redacción, porque “nadie estaba más libre y ansioso que yo para ser nombrado jefe de redacción de un semanario independiente e incierto”.

El primer número se publicó el sábado 29 de abril de 1950 con una divisa de última hora escrita por García Márquez debajo del nombre: “Su mejor weekend”, para desafiar “el purismo indigesto que prevalecía en la prensa colombiana en aquellos años”.

Ese número se vendió en su totalidad y con rapidez gracias a “una noticia grande de interés cultural y social” con el futbolista brasileño Heleno de Freitas, que llegaba para jugar en el Deportivo Junior.

Pero luego de ese primer impulso, el proyecto decayó. “No hubo poder humano ni divino capaz de hacerle entender a ningún público que Crónica no era una revista deportiva sino un semanario cultural que honraba a Heleno de Freitas como una de las grandes noticias del año”, cuenta el Gabo.

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Gabriel García Márquez (2d) en la sala de redacción de El Heraldo de Barranquilla, en 1951. (El Heraldo)

También fue ahí donde el nobel de Literatura hizo su debut como comentarista de fútbol, aunque también fue donde cometió “la gran pifia de mi vida”. En un reportaje con el jugador Sebastián Berascochea, el Gabo lo identificó y describió “como un vasco ejemplar, sólo por su apellido, sin parar mientes en el detalle de que era un negro retinto de la mejor estirpe africana”.

Germán Vargas, años después, afirmó que el reportaje de Berascochea era lo peor de todo lo que García Márquez había escrito.

Pero esta aventura con sus tres amigos marcó un hito en la vida profesional de García Márquez, porque “desde entonces no me gané un centavo que no fuera con la máquina de escribir” y ya nunca dejó de considerarse un periodista.

Realidad y ficción

Ninguno de ellos está ahora. Y como la literatura se entremezcla con la realidad, o al revés, Álvaro fue el primero en irse, como lo había anunciado Cien años de soledad. Murió en 1972. Luego le siguieron Germán (1991), Alfonso (1994) y Gabriel (2014).

Y en Macondo solamente quedó Aureliano Babilonia hasta descifrar la última página de los pergaminos del gitano Melquíades, donde estaba escrito su destino: “que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Juan Francisco Beltrán

@Columna5

 

 


Notas relacionadas:

 

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El Telégrafo, el periódico que ya fue

Cuando terminan los debates de candidatos estudiantiles, los partidarios de cada candidato salen al grito de “¡Ganamos el debate, ganamos el debate!”. Lo hacen porque creen, o esperan que los demás crean, que sí, que ganaron el debate.

Esa es la impresión que dio El Telégrafo al día siguiente del diálogo de los candidatos a la Presidencia de la República el 5 de febrero del 2017. Le gritó al mundo: ¡Ganamos el debate!

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El diario oficialista (no público) ahora marca con más fuerza su postura progobiernista. Eso le hace daño al periodismo y ni siquiera le ayuda al movimiento Alianza País o a sus candidatos. La posición favorable de los medios de comunicación hacia un candidato ayuda poco a mejorar los resultados electorales. Lo sabemos gracias a Donald Trump, como ya lo supimos en Ecuador hace 20 años con Abdalá Bucaram, entre otros casos.

Esta posición de El Telégrafo, ya sin rubores, abona todavía más a la pérdida de credibilidad de la prensa ecuatoriana (la más baja entre los medios de comunicación, con un 37,2 %). Y empuja a los medios hacia la tormenta perfecta de su crisis, al  “gran tsunami que parece estar llevándose por delante la profesión”, como dice Enrique Bullido.

Lo de El Telégrafo no es un problema de portada, de esa y otras (1, 2), ni de una mala elección del título. Es una actitud que se ha vuelto constante, que corre el riesgo de normalizarse y que también cometieron (y siguen cometiendo, pero sin tanta osadía, como la revista Vistazo) los ahora tibios medios privados. Es algo que ahora también lo hace el periódico local El Tiempo (1, 2), propiedad de El Telégrafo desde hace un año.

Esto va más allá de la portada y llega a las páginas interiores, a los textos, a las fotos, a los detalles, como muestra la nota sobre el mismo debate presidencial (clic para agrandar):

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El problema no es tratar sobre política, ni siquiera asumir posturas en ese sentido (el periodismo es, a la final, una labor política), sino la partidización de los medios públicos que, igual que todos, pero más que el resto, deberían actuar como lo que son: administradores de un bien público, la información, elemento imprescindible para la democracia.

El problema es hacer propaganda, relaciones públicas, y no periodismo.

El problema es ser militante de un partido, de un político, de un poder. El problema es parcializarse, ser hincha, seguidor incondicional de un poder, cualquiera que sea.

El problema es que, ahora sí, definitivamente, El Telégrafo ya no es un periódico.

@Columna5


Las llaman encuestas, pero no lo son


Los medios, los periodistas, tenemos la manía de medir la opinión pública sobre todo lo que ocurra. Y no está mal, si no tratamos de mostrarla como la voz del pueblo, que es la voz de… de algo.

Para eso usamos las encuestas. Aunque otras veces usamos otras cosas que llamamos encuestas, pero no lo son. Pedimos la opinión a nuestro público y tenemos unos resultados que, si no son manipulados, pueden mostrarnos la visión de un grupo de personas, pero de ninguna manera podemos decir que es algo representativo del sentir de una sociedad. Eso que llamamos opinión pública.

Poner una pregunta en la que puede votar cualquiera en nuestra web, redes sociales con llamadas o mensajes (es decir, de forma no técnica) puede tener muchos nombres, pero no es una encuesta. Esa palabra nos remite a un producto técnico con “una muestra representativa de grupos sociales”, como explica el diccionario.

La mayoría de periódicos españoles con ocasión del debate de investidura del 2 de marzo hicieron sus “encuestas”. La prueba de que no muestran el sentir de una población es que tienen al menos tres resultados distintos.

Que el mejor fue Pablo Iglesias, dicen Público, El Diario y El Periódico; que Albert Rivera, según El Español y El País; que Rajoy, según ABC, La Razón y El Mundo.

(Seguir leyendo abajo)

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Más que hablar de la percepción ciudadana sobre algo, en este caso el debate de investidura en España, esas “encuestas” nos hablan de cuál es el público de cada medio. O, en último caso, de qué opinan los lectores de un periódico determinado.

Nos queda, a los periodistas, evitar el uso excesivo de este recurso y no mostrar sus resultados como una representación de la opinión pública. Al público, en cambio, nos corresponde no tomar estas falsas encuestas como palabra divina.

Las verdaderas encuestas valen en cierta forma, sí, cuando son bien hechas. Pero no debemos olvidar que, como dice Pierre Bourdieu, la opinión pública no existe y que, como Benjamín Disraeli o Mark Twain (quién sabe) explicaba, hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las encuestas.

@Columna5


 

 

Crisis del papel mata a diario Hoy y hiere a otros medios de Ecuador


Última Tapa Hoy copiasPérdidas por más de cuatro millones de dólares. Eso fue lo que reportó el diario Hoy en el 2013; además, en 11 de los últimos 14 años declaró pérdidas.

Este es el caso más grave de la crisis de los impresos ecuatorianos, pero no el único: la mayoría de periódicos nacionales ecuatorianos tuvo pérdidas el año anterior.

Diario Hoy publicó su última edición impresa el domingo 29 de junio del 2014, 32 años después de estar en los quioscos de Ecuador. Entre las razones de su cierre menciona las que consideran que son causas de la situación económica de la empresa. Un mes después, La Hora de Manabí dio las mismas razones para su cierre.

Su director y mayor accionista, Jaime Mantilla Anderson, dijo en una entrevista con Ecuavisa que el cierre fue consecuencia de las “limitaciones en la inversión en medios de comunicación como manda la Ley de Comunicación y la prohibición de la publicidad en diario Hoy por parte de la Secretaría de Comunicación”. El Gobierno negó que el cierre de Hoy sea por influencia gubernamental, la Ley de Comunicación o la disminución de publicidad oficial.

Diario Hoy no es el primer impreso de circulación nacional que cierra en los últimos meses en Ecuador. Antes lo hizo la revista Vanguardia, el 26 de junio del 2013.

Y no es la única que culpa de su cierre al Gobierno y a la Ley de Comunicación. También lo hicieron los propietarios de la revista Vanguardia, aunque su director, Juan Carlos Calderón, y el jefe de Información, Jean Cano, negaron que así sea, cuando “lo digno era decir ‘quebré’” o mantenerse, “resistir y dar batalla”.

 

Pérdidas de Hoy

En ambos casos, los datos públicos de sus balances y de su declaración de impuestos muestran una situación económica crítica.

Edimpres, la empresa editora de Diario Hoy, declaró el impuesto a la renta en cero desde el año fiscal 2007. En el 2005, por este tributo, que está en relación directa con las ganancias de las empresas, pagó 36.667 dólares y en el 2006 cayó a 12.731 dólares.

Las pérdidas de diario Hoy en el año 2013, según su informe a la Superintendencia de Compañías, fueron de 4.381.317 dólares. Desde el año 2000 hasta el 2013, solamente en tres años reportó ganancias.

¿Puede una empresa mantenerse con pérdidas durante tanto tiempo? Estas son las cifras:

Pérdidas_ganancias Diario Hoy 2000-20133

La editorial Gran Tauro Grantau Cía. Ltda., que publicaba la revista Vanguardia, reportó pérdidas por 462.639 dólares en el año 2012. Desde su creación, en el año 2005, esta empresa declaró ganancias un solo año, el 2008, y solamente por 338 dólares.

 

Los impresos pierden

Otros medios de Ecuador también tienen problemas económicos. De las empresas de diarios nacionales, solamente tuvo ganancias Granasa, que edita Expreso y Extra, el diario sensacionalista más vendido del país, pero al resto le fue mal en el año 2013:

  • Diario El Universo tuvo pérdidas por 1.587.126 dólares.
  • El Comercio perdió 767.038 dólares.
  • El Telégrafo (periódico en manos del Estado) perdió 441.643 dólares.
  • ENSA, la empresa editora de las revistas Vistazo, Estadio, Hogar y Generación 21, tuvo pérdidas por 830.516 dólares.
  • Dinediciones, de Mundo Diners, Soho y Gestión, perdió 496.832 dólares.

Cuadro de pérdidas y ganancias de los medios impresos de Ecuador en el 2013:

Pérdidas de los medios de Ecuador 20133

 

En los años anteriores casi todos los medios nacionales disminuyeron sus ganancias de forma progresiva, sobre todo desde el año 2008. Solamente El Telégrafo, que en el 2011 llegó a perder 5.767.009 dólares, frenó su caída en los últimos dos años y las pérdidas han sido menores.

Así están las pérdidas y ganancias de los medios impresos de Ecuador:

Pérdidas y ganancias medios de Ecuador 2000-2013 2

¿Tendremos la valentía de admitir que nuestro periodismo está mal, que las empresas de periódicos impresos sufren una crisis no solamente económica?

La tormenta perfecta del periodismo impreso llegó al Ecuador. Los medios de papel cambian o mueren. Los medios tradicionales, como explican Ramón Salaverría y Samuel Negredo en el capítulo “La tormenta perfecta” del libro “Periodismo integrado”, “se enfrentan a un aumento de los costes de producción, estancamiento o caída de la difusión, menor inversión publicitaria, desaparición de puntos de venta y aumento de la competencia. Todo al mismo tiempo”.

Y si lo ponemos más claro: el cambio del esquema de comunicación gracias a Internet y las redes sociales, la baja calidad de la oferta periodística y la crisis del modelo de negocio actual de los medios, sumado en Ecuador a la beligerancia del Gobierno contra los medios, crean el escenario ideal para el fin de los impresos, al menos de la forma en que los conocemos ahora.

Tal vez llegó la hora de que solamente haya uno o dos grandes periódicos de referencia por país, como anuncia Bertrand Pecquerie.

Mapa del fin de los periódicos, según futureexploration.net:

mapa del fin de los periódicos

 

Actualización:

La Hora de Manabí también cierra

La Hora manabí cierraUn mes después del cierre de diario Hoy, La Hora de Manabí anunció, el 31 de julio del 2014 que esa era su última publicación.

En un editorial, La Hora culpó de su cierre a la Ley de Comunicación y al Gobierno. ¿Es responsable de este cierre la Ley Orgánica de Comunicación? Según Paulina Mogrovejo, consejera del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación, Cordicom, “absolutamente no”.

Los datos de la Superintendencia de Compañías muestran que la empresa que publicaba este medio, Edimanabí Editora Manabita S.A., tuvo pérdidas en la mayoría de los últimos años.

En los últimos tres años, Edimanabí tuvo pérdidas por 179.054 dólares en el 2010, 98.154 en el 2011 y 122.031 en el 2012.

La crisis económica de esta empresa viene desde tiempo atrás. En el 2000 perdió 103.223 dólares y en el período analizado solamente reportó ganancias en tres años: 2003 (5.988 dólares), 2004 (1.746) y 2006 (5.458).

Este medio manabita era parte de un grupo de periódicos locales ecuatorianos en 12 provincias, todos del mismo nombre, La Hora, pero a cargo de empresas diferentes. ¿Cerrará La Hora en otras provincias? Difícil; aunque la crisis del papel es generalizada, no todos los medios locales o regionales de Ecuador están mal en lo económico e incluso a algunos les va muy bien.

 

Actualización 2:

Diario Meridiano también cierra

El 15 de agosto del 2014, el diario Meridiano, de Guayaquil, también cerró su versión impresa para dedicarse de forma exclusiva a la digital por razones económicas.

 

Actualización 3:

Hoy Digital cierra por pérdidas

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Foto de @hamiltnlopz de la redacción vacía de diario Hoy.

La edición digital de Hoy, que quedó vigente luego de que cerró la versión impresa en junio, también cerró el 27 de agosto del 2014 por decisión de la Superintendencia de Compañías.

Edimpres, la empresa de Hoy, es unas de las alrededor de 700 compañías que reincidieron durante dos años en pérdidas del 50 por ciento o más del capital social y que “no presentaron descargos que pudieran demostrar que subsanaron la causal de disolución”, según anunció la Superintendencia.

La SIP criticó esta decisión y las agencias gubernamentales lo volvieron a negar.

 

* Datos obtenidos de la información de los estados financieros consolidados de la Superintendencia de Compañías y de consultas de impuesto a la renta causado del SRI.

 

Enlaces relacionados:

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11 consejos para periodistas deportivos con ocasión del #Mundial2014


Juan Francisco Beltrán

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¿Cómo ser un buen periodista deportivo? La primera recomendación es no actuar como hincha. El hincha con micrófono es uno de elementos que afectan al periodismo deportivo, pero no es el único. El rigor periodístico, la honestidad en el oficio y el afán de servicio del periodista son, también en esta área, importantes para su buen desempeño.

Les presentamos aquí 11 consejos para el periodista deportivo, ahora que inicia el Mundial de Fútbol Brasil 2014:

 

1.- El periodismo deportivo también es periodismo. Tu función es informar, como en cualquier otra área de este oficio. Aquí se aplican las mismas reglas generales de rigor periodístico, ética, honestidad, equilibrio, contrastación, confirmación…

 

2.- El periodista no debe ser hincha. El periodista hincha no informa, sentencia. No analiza, insulta. No comenta, azuza. No razona, solo siente. No critica, odia. El hincha apoya a su equipo, se alegra cuando gana y sufre pierde; ese apasionamiento impide al periodista dar un buen servicio a su público.

“No puede ser calificado de periodístico algo que abiertamente es parcial y servil hacia sus fuentes”.

José Luis Rojas Torrijos, periodista.

 

3.- Cuenta historias. La información dura (contrataciones, lesiones, resultados, etc.) es importante, pero es ocasional y de trámite rápido. La historia, el relato, es lo que más atrae al público y, por lo general, lo que más útil le puede resultar.

 

4.- El rumor no es noticia. En el periodismo deportivo es común que los periodistas difundan rumores, sobre todo cuando se trata de posibles contrataciones. Ten cuidado, detrás puede haber intereses comerciales o solamente una información falsa. En cualquier caso, difundir informaciones no confirmadas afecta tu credibilidad.

 

5.- Recuerda: es sólo un juego. El deporte es entretenimiento y que pierda o gane un equipo no significa que se acaba el mundo ni que se alcanza el cielo.

 

6.- No seas ingenuo: esto es más que un juego. Además de ser un juego, el deporte es un negocio que tiene intereses por detrás. Y donde hay dinero… El deber de un periodista es descubrir la suciedad en cualquier actividad, incluso en el deporte. Pero no todo es malo, porque además de ser un simple juego que brinda satisfacciones y alegrías, el deporte es una oportunidad para difundir valores, principios, comportamientos éticos, etc.

“Hoy nos encontramos en la urgencia de explicar por qué se manejan tantos millones de dólares, contratos a largo plazo, movimientos de los equipos, creación de megaeventos. Abordar únicamente el tema ligado a la actividad física es quedarse corto en la visión sobre el hecho. Eso ha caducado”.

Iván Pérez, periodista.

 

El periodista deportivo tiene como funciones básicas “informar con veracidad y el máximo rigor, y contribuir a la formación y educación de los ciudadanos”.

José Luis Rojas Torrijos, periodista.

7.- No amargues a tu público ni crees falsas expectativas. Informa, pero recuerda que debes estar junto a tu público, respetar sus tristezas, no machacarle sus sentimientos ni convertirte en parte de un tribunal de la inquisición contra nadie. Hacerle sentir a tu público que su equipo ganará el torneo solamente traerá como consecuencia su decepción si eso no sucede.

 

8.- No eres árbitro ni técnico. El periodista no debe juzgar, sino informar. Muchas veces basta con mostrar algo para que el público “saque sus propias conclusiones”. No necesitas pensar por tu público, él puede hacerlo solo.

“Para que el deporte crezca urge desplegar un periodismo de calidad alrededor de él; más crítico, más interpretativo (…) Adentrarse a los procesos económicos y clarificarlos, evadir la información tergiversada y no minimizar al lector, espectador o navegador mediante frases repetitivas”.

Javier Molina Vizcarra, periodista.

9.- ¿Quieres respuestas inteligentes de los deportistas? Haz preguntas inteligentes.

 

10.- No eres superior. No creas que por ser conocido o por estar cerca de estrellas deportivas eres mejor que el resto de personas. La humildad te permite ser mejor periodista.

 

11.- Un buen periodista deportivo es un periodista culto. El periodismo deportivo no se debe alejar de la cultura ni desligarse del mundo exterior. Un buena cultura es importante para que el periodista pueda brindar un mejor servicio a su público. Vincular el deporte a situaciones diarias de la gente, mostrar su relación con las demás áreas (política, económica, social, etc.), darle un sentido útil al deporte son obligaciones que las pueden cumplir mejor quienes estén más instruidos.

“Hay un periodismo que se ha comido la cultura clásica, que es el periodismo deportivo. Sabemos que no hay que ser precisamente un científico para transmitir partidos de fútbol y es muy atractivo porque genera mucho dinero”.

Rogelio García Lupo, periodista.

 

Enlaces de interés:

El periodismo deportivo.

El periodismo deportivo y otras desgracias.

La dimensión ética del periodismo deportivo: el compromiso social de informar con rigor y formar en valores.

Libro electrónico “2014: El periodismo deportivo en año mundialista” (pdf).

 

Foto: Jimmy Baikovicius.


 

La fastidiosa autopromoción de El Comercio


Todos los medios caen, de vez en cuando, en la autopromoción. Caen en mostrar como noticia algo que es de interés particular del medio y eso los aleja del concepto de servicio público que deben tener los medios de comunicación.

Cada año, por estas fechas, diario El Comercio, de Ecuador, emplea toda su capacidad para hacerse autopromoción con un producto de la empresa, la competencia atlética Quito Últimas Noticias 15 K.

Lo especial de este caso es que la autopromoción no se la hace como cualquier otra. Se hace con despliegue amplio, a seis columnas en portada, nota principal durante cuatro días y 34 noticias en la versión digital con la etiqueta de la carrera. Y las noticias, las verdaderas noticias, ¿dónde se ponen? Por ahí no más, abajo.

Empezó de forma discreta, en la portada, pero abajo. Incluso, con notas útiles, de servicio para los atletas (clic para ampliar):

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Luego fue la noticia principal de cada día hasta llegar a las seis columnas:

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Este año ocurrió, y el anterior también:

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No solamente eso. Resulta chocante entrar en el El Comercio digital, uno de los mejores sitios de los periódicos impresos del Ecuador, y toparse al abrir con dos notas de autopromoción:

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Y bajar un poco más y hallar otra de una campaña impulsada por el medio:

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No se trata de dar clases aquí sobre qué es noticia o qué es más noticia. Eso ya lo han hecho otros (Fuentes: 1, 2 y 3). Pero si un tema ocupa un espacio tan importante en un medio, en teoría, es que se trata de algo que es “más noticia”, que tiene importancia e interés para su público. ¿En este caso es así o es una ficción creada por el medio?

Javier Darío Restrepo, en el Consultorio Ético de la FNPI, escribe lo siguiente:

“Los intereses de la fuente, los del propio periodista o de su medio, están subordinados al servicio que se le debe prestar al lector” (Fuente).

“Un periodista les debe lealtad a sus lectores y a nadie más. Ni siquiera al dueño del medio que le paga” (Fuente).

“Privilegiar los intereses, afectos o desafectos de los dueños convierten al medio de comunicación en caja de resonancia de una familia, o de una empresa, pero no de una sociedad” (Fuente).

Restrepo también habla sobre la promoción de campañas públicas, como la que hace El Comercio con ¡Compórtate a la altura! (que hasta ofrece premios):

“En algunos manuales de estilo se rechaza la actividad de promoción de campañas públicas con las que medios y periodistas asumen un liderazgo cívico. La razón de ese rechazo es que el compromiso con una campaña restringe y le  quita legitimidad a la acción de medios y periodistas y los introduce en el campo de la actividad política en el que la credibilidad se pone en peligro” (Fuente).

Mal de muchos…, pero El Comercio no es el único. Aunque sí, estoy seguro, el más entusiasta de la autopromoción, de una fastidiosa autopromoción.

Juan Francisco Beltrán


@Columna5


Ocho lecciones de periodismo del caso Watergate

Carl Bernstein y Bob Woodward, los periodistas que investigaron el escándalo Watergate, en el Washington Post. (Foto: washingtonpost.com)

El libro Todos los hombres del presidente, que explica el caso Watergate y cómo lo siguieron los periodistas que descubrieron el caso, Bob Woodward y Carl Bernstein, se lee como un reportaje, como una novela policíaca y como un manual de periodismo.

El 17 de junio de 1972 inició el mayor escándalo político del siglo XX en Estados Unidos, con el espionaje al partido Demócrata por parte del Gobierno del republicano Richard Nixon, y terminó dos años después, el 9 de agosto de 1974, con la renuncia del presidente.

Veamos las enseñanzas que dejó esa investigación para el periodismo y que se pueden leer en el libro Todos los hombres del presidente:

. Sigue leyendo

¿Hasta dónde llega la libertad de expresión?

En el periodismo, libertad “es decir o escribir lo que se debe publicar, no lo que a uno le dé la gana de difundir”. Eso es lo que dice el maestro de ética periodística Javier Darío Restrepo.

¿Hasta donde llega nuestro derecho a decir lo que pensamos, nuestra libertad para expresarnos?

Hay que “trazar los linderos de los derechos y buscar su lugar dentro del conjunto. A esta operación se la llama: Armonizar los derechos”, dice Restrepo en otra de sus respuestas en el Consultorio Ético de la FNPI.

Si un derecho, el ejercicio de una libertad, afecta a otro derecho significa que pasamos el límite. Es la conocida frase “Mis derechos terminan donde comienzan los del otro”.

Dicho de una forma más gráfica por Oliver Wendell Holmes:
“El derecho a la oscilación de mi puño termina donde comienza la nariz del otro hombre”.
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Por eso, en periodismo, la libertad no es infinita. Tiene un límite en las leyes, los derechos, el respeto.

Esos límites fueron los que traspasó el artículo de opinión ¿Familias alternativas? del articulista Miguel Macías Carmigniani.

Ese texto, con tintes homofóbicos y discriminatorios, “vulnera los principios de tolerancia y pluralismo que mantiene este medio y empaña su línea editorial de defensa de los derechos individuales y de las minorías”, como lo admitió, en un acto de valentía, El Comercio.

Derechos y, además, respeto, como explica Fernando Larenas, editor de diario El Comercio.

El periódico quiteño asumió, como no siempre lo hacen los medios, la responsabilidad por un hecho que no le atañe de forma directa.

Esto es importante para los medios de comunicación: la responsabilidad (que no es lo mismo que culpabilidad) es sobre todas las cosas que publica, así no sean de su autoría y no las compartan. Así lo afirma el mismo medio: “las columnas firmadas en las páginas de opinión son de exclusiva responsabilidad del autor, no reflejan ni nuestra opinión ni nuestra línea informativa”.

El editor multimedia de El Comercio, Martin Pallares, también lo explicó en Twitter:

A pesar de eso, el texto fue borrado de la edición digital, luego de recibir críticas de los lectores, y se publicó una disculpa en su página de Facebook y en el periódico.

Retirar el texto de la red tal vez no es la mejor solución, porque “borrar algo que ya explotó en las redes no sirve de nada”, como dice dice Esther Vargas, de Clases de Periodismo.
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Vigilante de contenidos
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El medio de comunicación debe ser el vigilante de que lo publicado a través de este no viole derechos.

Este caso lleva a otras situaciones, como si se debe controlar los comentarios en Internet o la publicidad.

El medio es responsable de evitar publicaciones que afecten derechos, incluso en artículos de opinión, comentarios de lectores y publicidad.

O, si no, pregúntese:

¿Está dispuesto a recibir una acusación sin fundamento?

¿Le gustaría que se haga pública su intimidad?

¿Quiere que el grupo al que pertenece, étnico, profesional, social… sea víctima de un prejuicio?

¿Quiere ser injuriado en nombre de la libertad de expresión?
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Ahí se aplica la regla de la empatía: “¿me gustaría que hagan eso conmigo?”, que se complementa con otra: publicar solamente cuando el asunto es de interés público y excede el interés privado.

Ejemplo: un asunto de interés privado son las preferencias sexuales de las personas. Un caso de interés público es la violación sexual.
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Preguntas:

1. ¿Se debía publica el artículo de Macías?

2. ¿Es un irrespeto a la libertad de expresión que no se publique o se retire el artículo de Macías?

3. ¿Tenemos derechos a atacar a las personas, a incitar el odio, a hacer apología del delito basados en nuestra libertad de expresión?

Mis respuestas: No, no y no.

¿Cuáles son sus respuestas?

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Enlaces de interés:

@jfbeltranr

108 libros periodísticos recomendados


Si fue difícil escoger los 81 libros periodísticos o de no ficción hace un año (con la ayuda de un texto de Leila Guerriero), ahora la dificultad no ha disminuido y eso se debe a la cantidad de publicaciones de ese tipo. Por algo, en Latinoamérica vivimos un verdadero “boom” de la crónica.

¿Novedades para este año? Sí, dos publicaciones que se anuncian como unos “librazos” y que aún no llegan a algunos de los países latinoamericanos: Antología de crónica latinoamericana actual, de Alfaguara, y Mejor que ficción. Crónicas ejemplares, de Anagrama (ver portadas arriba).

Otra novedad es que abrimos paso al periodismo gonzo, con su fundador Hunter S. Thompson, y dos nuevos y buenos valores de la crónica latinoamericana, Gabriela Wiener y Emilio Fernández Cicco.

Y, por lo demás, libros que nos han recomendado, algunos que se nos escaparon en la selección anterior y otros que descubrimos recién.

La siguientes es la lista actualizada de libros periodísticos, la mayoría de crónicas y otros de reportajes, algunos tienen algo de ficción, pero sirven igual.

Aunque tiene algo de orden, esta no es una clasificación y por cualquier lado que se empiece se encontrará buenos libros.

¿Son todos los que están? No, estamos seguros de que hay más y tal vez consideren que alguno está demás. Para eso está la opción de comentarios.

Déjennos sus comentarios y sugerencias.

Que tengan un buen Día del Libro en este 23 de abril, día de San Jorge o San Jordi.

.1. Operación masacre. Rodolfo Walsh

2. El violento oficio de escribir. Rodolfo Walsh

3. La guerra moderna. Martín Caparrós

4. A sangre fría. Truman Capote

5. Música para camaleones. Truman Capote

6. El ladrón de orquídeas. Susan Orlean

7. Retratos y encuentros. Gay Talese

8. El enterrador.  Thomas Lynch

9. Ébano. Ryszard Kapuscinski

10. El libro de la almohada. Sei Shonagon

11. Crónicas de otro planeta. Las mejores historias de Gatopardo. Debate Editorial Random House

12. Crónicas SoHo. Aguilar, Colombia.

13. Lo mejor del periodismo de América Latina. FNPI Fondo de Cultura Económica

14. Lo mejor del periodismo de América Latina II. FNPI Fondo de Cultura Económica

15. La guerra del fútbol y otros reportajes. Ryszard Kapuscinski. Editorial Anagrama

16. Dios es redondo. Juan Villoro, Anagrama

17. Al pie de un volcán te escribo – Crónicas latinoamericanas. Alma Guillermoprieto

18. Crónicas de sangre. Cinco Historias de Los Zetas. Ricardo Ravelo. Editorial Random House Mondadori

19. Lapidarium IV. Ryszard Kapuscinski. Editorial Anagrama

20. Larga distancia, crónicas de viaje. Martín Caparrós

21. Che Guevara: Una vida revolucionaria. Jon Lee Anderson

22. El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé. Alberto Salcedo Ramos. Debate

23. ¿Cuánto cuesta matar a un hombre? José Alejandro Castaño, Editorial Norma

24. Huesos en el desierto. Sergio González Rodríguez, Anagrama

25. La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era popular. Tom Wolfe

26. Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico. Leila Guerriero

27. Crónicas argentinas. Juan Pablo Meneses. Editorial Norma

28. Las mejores crónicas de Gatopardo. Debate Editorial Random House

29. El interior. Crónicas de viajes por las provincias argentinas. Martín Caparrós

30. Los periodistas literarios. Norman Sims.

31. El imperio. Ryszard Kapuscinski. Editorial Anagrama

32. El dictador, los demonios y otras crónicas. Jon Lee Anderson. Anagrama

33. Crónicas latinoamericanas: periodismo al límite. Alberto Salcedo Ramos. Fundación Educativa San Judas.

34. Años de fuego. Grandes reportajes de la última década. Editorial Planeta

35. Crónicas filosas (las mejores crónicas de la revista Rolling Stone argentina). Publirevistas.

36. Diez días que conmovieron al mundo. John Reed

37. Samba. Alma Guillermoprieto

38. Un día más con vida. Ryszard Kapuscinski. Editorial Anagrama.

39. El Sha o la desmesura del poder. Ryszard Kapuscinski. Editorial Anagrama

40. El emperador. Ryszard Kapuscinski. Editorial Anagrama.

41. Viajes con Heródoto. Ryszard Kapuscinski. Anagrama / Círculo de Lectores

42. La caída de Bagdad. Jon Lee Anderson. Anagrama

43. La tumba del León: Partes de guerra desde Afganistán. Jon Lee Anderson

44. El hombre sin cabeza. Sergio González Rodríguez, Anagrama

45. Golden boys. Hernán Iglesias Ilia. Planeta / Seix Barral

46. Lo que hay que tener. Tom Wolfe, Anagrama

47. Zoológico Colombia. Crónicas sorprendentes de nuestro país. José Alejandro Castaño. Norma

48. Historia de una mujer bomba y otras crónicas de América Latina. Alberto Salcedo Ramos. Uqbar Editores.

49. Obra periodística: Textos costeños. Gabriel García Márquez.

50. Obra periodística: Entre cachacos. Gabriel García Márquez.

51. Obra periodística: De Europa y América. Gabriel García Márquez.

52. Obra periodística: Por la libre. Gabriel García Márquez.

53. Antología de grandes reportajes colombianos. Aguilar

54. Antología de grandes crónicas colombianas. Aguilar

55. La pasión de contar. El periodismo narrativo en Colombia. 1638-2000. Hombre Nuevo Editores y U. de Antioquia

56. Boquita. Martín Caparrós

57. Al interior de la Liga. Jon Lee Anderson

58. Frutos extraños. Crónicas reunidas 2001-2008. Leila Guerriero

59. Diez juglares en su patio. Alberto Salcedo Ramos.

60. La Argentina crónica. Planeta Argentina.

61. El año en que no fuimos felices. Alma Guillermoprieto

62. La Habana en un espejo. Alma Guillermoprieto

63. Las guerras en Colombia. Alma Guillermoprieto

64. ¡Dios mío! Un viaje por la India en busca de Sai Baba. Martín Caparrós

65. Amor y anarquía. La vida urgente de Soledad. Martín Caparrós

66. Una luna, diario de hiperviaje. Martín Caparrós

67. Zonas de guerra: voces de los campos de matanza del mundo. Jon Lee Anderson

68. Guerrillas. Jon Lee Anderson

69. Cristo con un fusil al hombro. Ryszard Kapuscinski. Anagrama

70. Ponche de ácido lisérgico. Tom Wolfe, Anagrama

71. La hoguera de las vanidades. Tom Wolfe, Anagrama

72. Casada por la fuerza: Una mujer nacida en occidente sometida a la tradición musulmana. Leila Guerriero

73. Los golpes de la esperanza. Alberto Salcedo Ramos.

74. De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas. Alberto Salcedo Ramos.

75. Réquiem por un país perdido (ensayos y crónicas periodísticas). Tomás Eloy Martínez

76. La pasión según Trelew. Tomás Eloy Martínez

77. Las Memorias del General. Tomás Eloy Martínez

78. Equipaje de mano. Juan Pablo Meneses. Editorial Planeta

79. Sexo & Poder, el extraño destape chileno. Juan Pablo Meneses. Editorial Planeta

80. La vida de una vaca. Juan Pablo Meneses. Editorial Planeta/Seix Barral

81. Hotel España. Juan Pablo Meneses. Editorial Norma

82. Sendero: Historia de la Guerra Milenaria en el Peru. Gustavo Gorriti

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Cuánto tiempo toma ganarse un premio Pulitzer de periodismo

No son los años de experiencia lo que permiten a periodistas en lengua inglesa ganar el premio más reconocido del periodismo estadounidense.

Es, sobre todo, el tiempo que emplean en el trabajo. En eso coinciden dos de los ganadores del Pulitzer 2012: David Wood, periodista desde 1970, y Sara Ganim, quien tiene apenas 24 años de edad.

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Ocho meses para trabajar un tema

Foto: Telegraph.co.uk

David Wood, quien ganó el premio Pulitzer al mejor reportaje nacional, el primero para el Huffington Post, dijo que esto “es un testimonio de la voluntad de la sala de redacción para dejar a los periodistas emplear su tiempo en historias que tienen impacto“, según una nota publicada en Poynter.

Wood trabajó durante ocho meses en las series fotográficas sobre soldados heridos en combate.

“Yo nunca me había tomado ocho meses para hacer una historia, porque la mayor parte del tiempo estamos muy ocupados”, dijo Wood, quien antes había trabajado para Time Magazine, Los Angeles Times, Newhouse News Service y The Baltimore Sun.

Sin embargo, fue Arianna Huffington, presidenta y editora en jefe de ese medio, quien le impulsó a tomarse tanto tiempo cuando le dijo: “yo pienso que eso es importante, vamos a hacerlo”.

De ese trabajo resultaron las series Más allá del campo de batalla (Beyond the Battlefield), que muestran la situación de los soldados estadounidenses heridos cuando regresan a casa desde Afganistán e Irak.

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60 horas por semana

Foto: 233grados.com

En esta edición, la 96 de los premios Pulitzer, la periodista de 24 años, Sara Ganim, quien investigó el caso de un entrenador deportivo acusado de abuso sexual, también se toma más de las 40 horas semanales de trabajo, divididas en ocho horas diarias.

En una entrevista publicada por Woub, citada por el blog 233 Grados, dijo que se despierta por la madrugada, a las 03:00 o 04:00 y desde ese momento empieza a bregar.

“Tengo un escáner de la policía en mi mesita de noche. Me quedo a dormir y despierto para ver las noticias matutinas”, dijo Ganim, según una publicación de CNN México.

Trabajo 60 horas a la semana, investigando, conversando con las fuentes, y quitando capas hasta encontrar historias increíbles”, mencionó.

Así es el periodismo, el buen periodismo. Sin horarios, con mucho esfuerzo, dedicación y, por lo general, poco remunerado, pero muy, muy, satisfactorio.

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Enlaces de interés:

@Columna5