La mentira que se le cayó a El Telégrafo

Ocurrió de un día para el otro, de forma brusca. Hasta el 13 de agosto del 2017 el diario estatal El Telégrafo tenía un tiraje de 17.000 ejemplares y a partir del día siguiente, el 14 de agosto, bajó a 10.000.

telegrafo tiraje lupa

¿En cuestión de horas El Telégrafo perdió cerca de la mitad de sus lectores? ¿Decidió bajar su circulación por alguna extraña estrategia? ¿Es una decisión ecológica para matar menos arbolitos?

Ninguna de esas respuestas es la correcta. O, al menos, no corresponden a la explicación de ese medio. La razón fue que, a partir de ese día, los nuevos directivos decidieron poner en portada, como manda la Ley de Comunicación, la cantidad verdadera de ejemplares. El Telégrafo imprimía 17.000 diarios, pero “7.000 se botaban a la basura”, según Andrés Michelena, actual gerente general de medios públicos y “hombre cercano al presidente Lenín Moreno”.

El dato publicado hasta principios de agosto, a pesar de una supuesta auditoría oficial, era una mentira impúdica. Pero en años anteriores era todavía mayor: era una mentira monumental. Por ejemplo, en el 2013 (cuando ya no se regalaban ejemplares) decían sacar al mercado 26.000 periódicos por día.

Esos 7.000 ejemplares adicionales que se imprimían hasta agosto significaban el 41 % del tiraje. Esa mentira (y desperdicio) es todavía peor si tomamos en cuenta que era sostenida por personas que militaban de forma rabiosa en el gobierno que impuso la obligación de publicar el tiraje en cada edición y de auditarlo. Esa era una medida que apuntaba a que no se inflen las cifras o se pongan “al ‘ojo’ del dueño”, decían. Algo que, por lo demás, es frecuente en un sector que debería luchar contra las mentiras. Por eso hay quienes dicen que existen las mentiras, las malditas mentiras y las cifras de circulación de los periódicos.

EL TELEGRAFO tiraje 17000 10000

Auditoría de la Supercom

Esta mentira, la de El Telégrafo, fue validada por la Superintendencia de Comunicación (Supercom) cuando auditó el tiraje en el 2015.

Es evidente ⎯por no aventurar una teoría menos piadosa⎯ que no funciona ese método en el que, se supone, contrastan documentos de comercialización, producción, distribución y facturación de ejemplares.

Esa falla en el control ocurrió pese a que ya había indicios de que algo sucedía. Por ejemplo que, según Contraloría, El Telégrafo perdió 3,3 millones de dólares en tres años por regalar periódicos, o que, entre enero del 2007 y enero del 2010, hubo un tiraje de 22,4 millones de ejemplares (unos 20.500 por día, en promedio), pero de ellos solamente 18 millones (16.500 diarios) eran aptos para la distribución. O que la información sobre la circulación y lectoría de este diario era, antes de la aprobación de la Ley de Comunicación, un secreto incluso hasta para sus propios empleados, hasta el punto de que el diario estatal presento un recurso de habeas data para prohibir la divulgación de cifras de su lectoría diaria.

EL TELEGRAFO 7D tiraje 17000

Un anuncio mentiroso

A pesar de eso, cuando El Telégrafo compró El Tiempo a fines del 2015, Santiago León, gerente general de Editogran S.A. (la empresa que editaba El Telégrafo), anunció que la meta era que el diario cuencano supere los 10.000 ejemplares de tiraje en un periodo dos años. Un diario local, según León (ahora presidente del Directorio de la CFN), debía alcanzar una circulación similar a la real del diario nacional que él gerenciaba. Una mentira más.

Ahora ya no están en El Telégrafo ni León ni su director durante los últimos cinco años, Orlando Pérez. Los nuevos administradores decidieron, un mes después de su nombramiento, sincerar las cifras del tiraje. Una mentira menos.

Actualización:

Michelena habló el 24 de octubre del 2017 sobre algunos problemas de los medios públicos, que fueron manejados, aseguró, “de manera propagandística y mediocre, dispendiosa e, indolente”. Uno de ellos es El Telégrafo. En este diario, dijo, había una devolución de ejemplares de más del 65 %.

@Columna5


Notas relacionadas:

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11 consejos para periodistas deportivos con ocasión del #Mundial2014


Juan Francisco Beltrán

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¿Cómo ser un buen periodista deportivo? La primera recomendación es no actuar como hincha. El hincha con micrófono es uno de elementos que afectan al periodismo deportivo, pero no es el único. El rigor periodístico, la honestidad en el oficio y el afán de servicio del periodista son, también en esta área, importantes para su buen desempeño.

Les presentamos aquí 11 consejos para el periodista deportivo, ahora que inicia el Mundial de Fútbol Brasil 2014:

 

1.- El periodismo deportivo también es periodismo. Tu función es informar, como en cualquier otra área de este oficio. Aquí se aplican las mismas reglas generales de rigor periodístico, ética, honestidad, equilibrio, contrastación, confirmación…

 

2.- El periodista no debe ser hincha. El periodista hincha no informa, sentencia. No analiza, insulta. No comenta, azuza. No razona, solo siente. No critica, odia. El hincha apoya a su equipo, se alegra cuando gana y sufre pierde; ese apasionamiento impide al periodista dar un buen servicio a su público.

“No puede ser calificado de periodístico algo que abiertamente es parcial y servil hacia sus fuentes”.

José Luis Rojas Torrijos, periodista.

 

3.- Cuenta historias. La información dura (contrataciones, lesiones, resultados, etc.) es importante, pero es ocasional y de trámite rápido. La historia, el relato, es lo que más atrae al público y, por lo general, lo que más útil le puede resultar.

 

4.- El rumor no es noticia. En el periodismo deportivo es común que los periodistas difundan rumores, sobre todo cuando se trata de posibles contrataciones. Ten cuidado, detrás puede haber intereses comerciales o solamente una información falsa. En cualquier caso, difundir informaciones no confirmadas afecta tu credibilidad.

 

5.- Recuerda: es sólo un juego. El deporte es entretenimiento y que pierda o gane un equipo no significa que se acaba el mundo ni que se alcanza el cielo.

 

6.- No seas ingenuo: esto es más que un juego. Además de ser un juego, el deporte es un negocio que tiene intereses por detrás. Y donde hay dinero… El deber de un periodista es descubrir la suciedad en cualquier actividad, incluso en el deporte. Pero no todo es malo, porque además de ser un simple juego que brinda satisfacciones y alegrías, el deporte es una oportunidad para difundir valores, principios, comportamientos éticos, etc.

“Hoy nos encontramos en la urgencia de explicar por qué se manejan tantos millones de dólares, contratos a largo plazo, movimientos de los equipos, creación de megaeventos. Abordar únicamente el tema ligado a la actividad física es quedarse corto en la visión sobre el hecho. Eso ha caducado”.

Iván Pérez, periodista.

 

El periodista deportivo tiene como funciones básicas “informar con veracidad y el máximo rigor, y contribuir a la formación y educación de los ciudadanos”.

José Luis Rojas Torrijos, periodista.

7.- No amargues a tu público ni crees falsas expectativas. Informa, pero recuerda que debes estar junto a tu público, respetar sus tristezas, no machacarle sus sentimientos ni convertirte en parte de un tribunal de la inquisición contra nadie. Hacerle sentir a tu público que su equipo ganará el torneo solamente traerá como consecuencia su decepción si eso no sucede.

 

8.- No eres árbitro ni técnico. El periodista no debe juzgar, sino informar. Muchas veces basta con mostrar algo para que el público “saque sus propias conclusiones”. No necesitas pensar por tu público, él puede hacerlo solo.

“Para que el deporte crezca urge desplegar un periodismo de calidad alrededor de él; más crítico, más interpretativo (…) Adentrarse a los procesos económicos y clarificarlos, evadir la información tergiversada y no minimizar al lector, espectador o navegador mediante frases repetitivas”.

Javier Molina Vizcarra, periodista.

9.- ¿Quieres respuestas inteligentes de los deportistas? Haz preguntas inteligentes.

 

10.- No eres superior. No creas que por ser conocido o por estar cerca de estrellas deportivas eres mejor que el resto de personas. La humildad te permite ser mejor periodista.

 

11.- Un buen periodista deportivo es un periodista culto. El periodismo deportivo no se debe alejar de la cultura ni desligarse del mundo exterior. Un buena cultura es importante para que el periodista pueda brindar un mejor servicio a su público. Vincular el deporte a situaciones diarias de la gente, mostrar su relación con las demás áreas (política, económica, social, etc.), darle un sentido útil al deporte son obligaciones que las pueden cumplir mejor quienes estén más instruidos.

“Hay un periodismo que se ha comido la cultura clásica, que es el periodismo deportivo. Sabemos que no hay que ser precisamente un científico para transmitir partidos de fútbol y es muy atractivo porque genera mucho dinero”.

Rogelio García Lupo, periodista.

 

Enlaces de interés:

El periodismo deportivo.

El periodismo deportivo y otras desgracias.

La dimensión ética del periodismo deportivo: el compromiso social de informar con rigor y formar en valores.

Libro electrónico “2014: El periodismo deportivo en año mundialista” (pdf).

 

Foto: Jimmy Baikovicius.


 

La fastidiosa autopromoción de El Comercio


Todos los medios caen, de vez en cuando, en la autopromoción. Caen en mostrar como noticia algo que es de interés particular del medio y eso los aleja del concepto de servicio público que deben tener los medios de comunicación.

Cada año, por estas fechas, diario El Comercio, de Ecuador, emplea toda su capacidad para hacerse autopromoción con un producto de la empresa, la competencia atlética Quito Últimas Noticias 15 K.

Lo especial de este caso es que la autopromoción no se la hace como cualquier otra. Se hace con despliegue amplio, a seis columnas en portada, nota principal durante cuatro días y 34 noticias en la versión digital con la etiqueta de la carrera. Y las noticias, las verdaderas noticias, ¿dónde se ponen? Por ahí no más, abajo.

Empezó de forma discreta, en la portada, pero abajo. Incluso, con notas útiles, de servicio para los atletas (clic para ampliar):

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Luego fue la noticia principal de cada día hasta llegar a las seis columnas:

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Este año ocurrió, y el anterior también:

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No solamente eso. Resulta chocante entrar en el El Comercio digital, uno de los mejores sitios de los periódicos impresos del Ecuador, y toparse al abrir con dos notas de autopromoción:

autopromoción el comercio

Y bajar un poco más y hallar otra de una campaña impulsada por el medio:

autopromoción el comercio más

No se trata de dar clases aquí sobre qué es noticia o qué es más noticia. Eso ya lo han hecho otros (Fuentes: 1, 2 y 3). Pero si un tema ocupa un espacio tan importante en un medio, en teoría, es que se trata de algo que es “más noticia”, que tiene importancia e interés para su público. ¿En este caso es así o es una ficción creada por el medio?

Javier Darío Restrepo, en el Consultorio Ético de la FNPI, escribe lo siguiente:

“Los intereses de la fuente, los del propio periodista o de su medio, están subordinados al servicio que se le debe prestar al lector” (Fuente).

“Un periodista les debe lealtad a sus lectores y a nadie más. Ni siquiera al dueño del medio que le paga” (Fuente).

“Privilegiar los intereses, afectos o desafectos de los dueños convierten al medio de comunicación en caja de resonancia de una familia, o de una empresa, pero no de una sociedad” (Fuente).

Restrepo también habla sobre la promoción de campañas públicas, como la que hace El Comercio con ¡Compórtate a la altura! (que hasta ofrece premios):

“En algunos manuales de estilo se rechaza la actividad de promoción de campañas públicas con las que medios y periodistas asumen un liderazgo cívico. La razón de ese rechazo es que el compromiso con una campaña restringe y le  quita legitimidad a la acción de medios y periodistas y los introduce en el campo de la actividad política en el que la credibilidad se pone en peligro” (Fuente).

Mal de muchos…, pero El Comercio no es el único. Aunque sí, estoy seguro, el más entusiasta de la autopromoción, de una fastidiosa autopromoción.

Juan Francisco Beltrán


@Columna5


Ocho lecciones de periodismo del caso Watergate

Carl Bernstein y Bob Woodward, los periodistas que investigaron el escándalo Watergate, en el Washington Post. (Foto: washingtonpost.com)

El libro Todos los hombres del presidente, que explica el caso Watergate y cómo lo siguieron los periodistas que descubrieron el caso, Bob Woodward y Carl Bernstein, se lee como un reportaje, como una novela policíaca y como un manual de periodismo.

El 17 de junio de 1972 inició el mayor escándalo político del siglo XX en Estados Unidos, con el espionaje al partido Demócrata por parte del Gobierno del republicano Richard Nixon, y terminó dos años después, el 9 de agosto de 1974, con la renuncia del presidente.

Veamos las enseñanzas que dejó esa investigación para el periodismo y que se pueden leer en el libro Todos los hombres del presidente:

. Sigue leyendo

¿Hasta dónde llega la libertad de expresión?

En el periodismo, libertad “es decir o escribir lo que se debe publicar, no lo que a uno le dé la gana de difundir”. Eso es lo que dice el maestro de ética periodística Javier Darío Restrepo.

¿Hasta donde llega nuestro derecho a decir lo que pensamos, nuestra libertad para expresarnos?

Hay que “trazar los linderos de los derechos y buscar su lugar dentro del conjunto. A esta operación se la llama: Armonizar los derechos”, dice Restrepo en otra de sus respuestas en el Consultorio Ético de la FNPI.

Si un derecho, el ejercicio de una libertad, afecta a otro derecho significa que pasamos el límite. Es la conocida frase “Mis derechos terminan donde comienzan los del otro”.

Dicho de una forma más gráfica por Oliver Wendell Holmes:
“El derecho a la oscilación de mi puño termina donde comienza la nariz del otro hombre”.
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Por eso, en periodismo, la libertad no es infinita. Tiene un límite en las leyes, los derechos, el respeto.

Esos límites fueron los que traspasó el artículo de opinión ¿Familias alternativas? del articulista Miguel Macías Carmigniani.

Ese texto, con tintes homofóbicos y discriminatorios, “vulnera los principios de tolerancia y pluralismo que mantiene este medio y empaña su línea editorial de defensa de los derechos individuales y de las minorías”, como lo admitió, en un acto de valentía, El Comercio.

Derechos y, además, respeto, como explica Fernando Larenas, editor de diario El Comercio.

El periódico quiteño asumió, como no siempre lo hacen los medios, la responsabilidad por un hecho que no le atañe de forma directa.

Esto es importante para los medios de comunicación: la responsabilidad (que no es lo mismo que culpabilidad) es sobre todas las cosas que publica, así no sean de su autoría y no las compartan. Así lo afirma el mismo medio: “las columnas firmadas en las páginas de opinión son de exclusiva responsabilidad del autor, no reflejan ni nuestra opinión ni nuestra línea informativa”.

El editor multimedia de El Comercio, Martin Pallares, también lo explicó en Twitter:

A pesar de eso, el texto fue borrado de la edición digital, luego de recibir críticas de los lectores, y se publicó una disculpa en su página de Facebook y en el periódico.

Retirar el texto de la red tal vez no es la mejor solución, porque “borrar algo que ya explotó en las redes no sirve de nada”, como dice dice Esther Vargas, de Clases de Periodismo.
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Vigilante de contenidos
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El medio de comunicación debe ser el vigilante de que lo publicado a través de este no viole derechos.

Este caso lleva a otras situaciones, como si se debe controlar los comentarios en Internet o la publicidad.

El medio es responsable de evitar publicaciones que afecten derechos, incluso en artículos de opinión, comentarios de lectores y publicidad.

O, si no, pregúntese:

¿Está dispuesto a recibir una acusación sin fundamento?

¿Le gustaría que se haga pública su intimidad?

¿Quiere que el grupo al que pertenece, étnico, profesional, social… sea víctima de un prejuicio?

¿Quiere ser injuriado en nombre de la libertad de expresión?
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Ahí se aplica la regla de la empatía: “¿me gustaría que hagan eso conmigo?”, que se complementa con otra: publicar solamente cuando el asunto es de interés público y excede el interés privado.

Ejemplo: un asunto de interés privado son las preferencias sexuales de las personas. Un caso de interés público es la violación sexual.
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Preguntas:

1. ¿Se debía publica el artículo de Macías?

2. ¿Es un irrespeto a la libertad de expresión que no se publique o se retire el artículo de Macías?

3. ¿Tenemos derechos a atacar a las personas, a incitar el odio, a hacer apología del delito basados en nuestra libertad de expresión?

Mis respuestas: No, no y no.

¿Cuáles son sus respuestas?

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@jfbeltranr

El Gabriel García Márquez que hace daño al periodismo


Gabriel García Márquez, quien dijo que el periodismo es el oficio más bello del mundo, que la ética debe acompañar al periodista como el zumbido al moscardón, quien da muy buenas lecciones de periodismo, es también una persona cuya influencia puede hacer daño al periodismo.

La colección de libros Obra periodística de Gabriel García Márquez, una joya no solamente por los buenos textos que incluye (aunque también hay de los otros), sino por el estudio hecho en el prólogo por el recopilador, el francés Jacques Gilard.

Ese estudio permite descubrir algunos “lados oscuros” de Gabriel García Márquez en el periodismo.

Por ejemplo, al menos al principio, la línea que separa al periodismo de la ficción fue muy difusa en el trabajo periodístico del Gabo.

En los prólogos a los diferentes volúmenes de esa colección, Textos costeños, Entre Cachacos y De Europa y América, Gilard escribe algunas cosas que se refieren al periodismo, como las siguientes:

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“Un rasgo que se volvería corriente en el periodismo de García Márquez, sobre todo en su posterior etapa de reportero: el detalle narrativo añadido; verosímil y probable, pero añadido”. (Fuente)

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“Las simplificaciones y exageraciones a las que siempre había recurrido” García Márquez. (Fuente)

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“La dramatización de algo que no existía o, si existió, no tenía por qué interesar a nadie, forma parte de las reglas del juego en la prensa amarilla. García Márquez respeta escrupulosamente esas reglas en un texto que no puede leerse sino en segundo grado”. (Fuente)

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“Elementos que (…) hacen que el relato dé un paso más hacia la arbitrariedad de la ficción”. (Fuente)

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“El periodista se borra momentáneamente detrás del novelista”. (Fuente)

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“Esa tentación de contar cosas reales, pero con la dosis de ficción y exageración que caracterizaría más tarde a la manera de contar de García Márquez”. (Fuente)

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Gilard también habla del tan célebre como ficticio reportaje de la sequía en Venezuela, Caracas sin agua:

Se trata de “un reportaje ficticio, proyectado además hacia el futuro […] [en el que] todo se cifra en contar bien, con bases reales o totalmente previsibles, aunque con la intervención de la imaginación” (Fuente).

Un maestro que escribe en sus textos periodísticos detalles narrativos añadidos, simplificaciones y exageraciones, que respeta “escrupulosamente las reglas de la prensa amarilla”, que da pasos hacia la arbitrariedad de la ficción y escribe reportajes ficticios, es alguien para leerlo con cuidado.

Viendo lo visto, es mejor no imitar esas prácticas, como Gilard menciona que sucedió en Colombia. Esto dice el investigador francés sobre “la dosis de ficción y exageración” de García Márquez:

“Hasta el final de la década de los años 70, todo el reportaje colombiano usa esa pauta garciamarquina, imitada tanto de su obra periodística como de la literaria. La a veces sofocante omnipresencia de su ejemplo (…) es tan real, y quizás más fuerte, en el sector periodístico donde no parecen haberse renovado mucho los procedimientos que él usó”. (Fuente)

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Pero como estamos en el cumpleaños 85 del Gabo, incluimos algunas frases del Nobel colombiano sobre el periodismo. Sus enseñanzas, lo que dice sobre el oficio, la ética y el compromiso periodístico son, sin duda, de mucho valor:

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“La investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición”. (Fuente)

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“La ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”.  (Fuente)

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“Cuando escribo para periódicos, algunas personas piensan que hago literatura. Soy muy riguroso cuando hago periodismo: me fijo mucho en la realidad. Pero tengo una forma de ver y seleccionar la realidad, que es muy literaria. Sigo el mismo método de observación en periodismo y en literatura”. (Fuente)

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“A veces se olvida que la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor”. (Fuente)

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“Los novelistas y los periodistas ganamos en credibilidad si cuidamos al máximo los detalles”. (Fuente)

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El reportaje “puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia -sagrada e inviolable- de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma. Aunque nadie lo sepa ni lo crea”. (Fuente)

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Enlaces de interés:

Foto principal tomada de El Espectador, cuando GGM trabajaba en ese periódico. 

@Columna5


El periodismo interpretativo, un género malinterpretado

Interpretar, en el periodismo, no es opinar, lanzar rumores, especular, ni violar las reglas periodísticas.

El periodismo tiene reglas generales que se aplican a todos sus géneros y en todos los formatos.

Desde las aulas universitarias escuchamos esas reglas básicas, como que el rumor no es noticia, que no debemos especular, que estamos obligados a confirmar informaciones, a contrastar versiones, que no debemos inventarnos fuentes, testimonios, hechos…

Y eso se aplica en todo el periodismo, insisto, cualquiera sea el formato o el género: no es justificación, para violar esas normas básicas, que demos información en una red social y no en un medio tradicional. Tampoco es justificación que pasamos por alto un par de esas reglas porque era opinión, análisis o periodismo interpretativo (tan malinterpretado género) y no una nota informativa.

Ni opinión, ni análisis, ni periodismo interpretativo admiten lanzar versiones sin confirmar. Recuerden al príncipe saudí y el periódico británico.

Tampoco especular o lanzar rumores. “Como cualquier redactor de noticias, el editorialista debe respetar la verdad de los hechos. Una columna editorial se fundamenta en hechos que, interpretados, son la materia prima de la opinión”, dice Javier Darío Restrepo, del Consultorio Ético de la FNPI.

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El “análisis” de Vanguardia

La revista Vanguardia, cuyo editor es uno de los mejores periodistas de investigación del Ecuador de los últimos años, Juan Carlos Calderón, y por ello digna de mejor suerte, hace un análisis sobre la anulación del juicio al exvicepresidente Alberto Dahik.

Ahí se dicen cosas que son rumores, especulación, datos sin fundamento… A los ejemplos añado las preguntas que le hubiera hecho al autor del texto si yo fuera su editor:

– “Alberto Dahik arriba al país con el apoyo político de Rafael Correa y se podría convertir en una figura de apoyo para su campaña”.

¿Se podría? ¿Se puede o no se puede convertir en una figura de apoyo? ¿Hay algún dato, informe, declaración o algo que explique esto? ¿Quién lo dice, el autor, una fuente? ¿En base a qué lo afirma el autor o la fuente?

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– “Queda claro que el gobierno hará uso de todas sus maniobras para seguir en el poder”.

¿Queda claro? ¿Para quién, para todos o sólo para el autor? ¿En qué se basa el autor para hacer esa afirmación: declaración, dato, informe, documento? ¿Simple opinión?

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– “Facilitar el regreso de Abdalá Bucaram también pudiera reafirmar esa idea”.

¿Pudiera? ¿Puede o no puede facilitar el regreso? ¿Quién lo dice, el autor, alguna fuente?

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– “Todo indica que la figura de Alberto Dahik y el apoyo del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) pudieran ser dos soportes en el camino que la revolución ciudadana ha iniciado en busca de la reelección de su líder”.

¿Todo indica? ¿Qué es el “todo” que nos “indica” eso, por qué no lo explica el autor? ¿”Todo indica”, para quién, para el autor, para todos?

¿Pudieran ser? ¿Son o no son? ¿Quién dice, el autor, alguna fuente?

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A excepción del primero, el resto de puntos son parte del ¡primer párrafo!

Bueno, hay que ser justos, luego viene la parte central y mucho mejor elaborada, con datos, referencia a documentos, recuento de hechos, para terminar con algo de la misma dosis inicial:

– “El apoyo del PRE pudiera ser preponderante para el gobierno”.

¿Pudiera? ¿Otra vez? (regresen al anterior “pudiera”).

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– “Se sabe que el quinto voto es de Henry Cuji”.

¿Se sabe? ¿Quién sabe, el autor, los asambleístas, todo el mundo? ¿Qué documento o declaración respalda esta afirmación?

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Habrá quien diga que hay cosas entre las enumeradas que son obvias. Pero en periodismo nada es obvio: todo es datos, declaraciones, versiones, documentos, testimonios…

Repito: nada es obvio, si tu mamá te dice que te quiere, compruébalo.

Que en periodismo opinión se puede dar una versión propia, sí, pero con sustento. O, al menos asumiendo que nosotros lo decimos y no encubriéndolo con frases difusas y evasivas del tipo “Todo indica” o el “Queda claro”.

Pero el análisis (nombre del género que encabeza la página en mención) no es opinión, es información. Incluso, en caso de mezclar opinión con información, prefiero a quien lo hace de frente, sin maquillarlo, con un también incorrecto, pero claro y honesto “Yo opino” o “Yo creo”.

Aparte, hay el error gramatical en el uso de las formas terminadas en ría y el tenebroso condicional de rumor, un error gramatical muy repetido en el periodismo y que además tiene implicaciones éticas.

Lo que me llevó a escribir esta entrada fueron los elogios y la viralidad que tuvo ese texto en la red. Carlos Andrés Vera, editor de Soho en Ecuador, otra revista digna de mejor suerte, llama a ese análisis “brillante”, lo que repiten otros tuiteros.

¿Brillante? No creo. Mal periodismo que perjudica a quienes tratan de hacer buen periodismo, es mi opinión.

Mientras, seguiremos esperando el verdadero buen reportaje sobre el caso Dahik, que explique y fundamente los hechos de corrupción, si es que los cometieron, del exvicepresidente, sus colaboradores cercanos y algunos diputados de esa época.

 

Actualización:

– Alberto Dahik no se convirtió en una figura de apoyo para la campaña de Rafael Correa.

– El Gobierno no facilitó el regreso de Abdalá Bucaram. El expresidente sigue en Panamá y es un violento opositor de Rafael Correa.

– Ni Alberto Dahik ni el Partido Roldosista Ecuatoriano fueron soportes en el camino hacia la reelección del líder de la revolución ciudadana.

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Enlaces de interés:

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Fotos tomadas de la revista Vanguardia 9 de enero del 2012.

@jfbeltranr

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¿Debe ser un suicidio la noticia principal de los diarios?

Por regla general, los medios (los serios) procuran no publicar noticias sobre personas que se quitan la vida de forma voluntaria. Otros, lo bajan de perfil. En algunos incluso está vetada la palabra suicidio.

Pero, ¿qué hace que un suicidio sea la nota de apertura de un periódico? Sí, la nota principal de la portada o tapa del diario, la conocida como 1A1, la principalísima, a la que se le da más fuerza porque los editores consideran que es la más importante del día.

Eso sucedió con el caso del subsecretario de Comercio Exterior de Argentina, Iván Heyn, quien apareció muerto en el hotel donde se hospedaba en Uruguay. Una de las primeras hipótesis, no certeza, fue que se debió a un suicidio. Esa noticia fue la principal de tres diarios ecuatorianos: El Universo, El Comercio y Hoy.

      

¿Por qué?:

¿Porque era un funcionario público o “funcionario K”?

¿Porque era joven (34 años) y, en apariencia, “normal”?

¿Porque sucedió durante la cumbre presidencial del Mercosur?

Cualquiera que sea la respuesta,  tiene muchas debilidades por razones humanas, éticas y periodísticas. En la última razón, la pregunta es: ¿esa era la noticia principal del día o, por lo menos, de la cumbre del Mercosur?

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Por qué no hablar de suicidios

La razón principal es el “efecto contagio” del suicidio.

“La presentación de un suicidio como un acto inexplicable de personas aparentemente sanas o de grandes logros es potencialmente un aliento para la identificación de otros con la víctima”, dice un cable de Associated Press citado en el Consultorio Ético de la FNPI.

El diario El País, de Madrid, sugiere “ser especialmente prudentes con las informaciones relativas a suicidios”.

Las razones, indica la misma nota del Consultorio Ético:

1. ” No siempre la apariencia coincide con la realidad”. El periodista les debe a sus lectores el dato preciso, que en estos casos no es fácil de obtener salvo que haya concluido la respectiva investigación judicial sobre el verdadero origen de la muerte.

2. Porque “estas noticias tienen un funesto poder multiplicador”. Incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten, en este momento, un estímulo de imitación.

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La pregunta se mantiene: ¿Por qué abrir un diario con la noticia del suicidio de un funcionario argentino?

¿Por qué, sobre todo, abrieron con esa nota esos tres diarios ecuatorianos, cuando no lo hicieron así la mayoría de diarios de Argentina (excepto los sensacionalistas, como Libre y Crónica), el país del funcionario?

Y, además, ¿por qué hablar de suicidio cuando todavía no se ha comprobado si lo fue? (Una nota de diario Clarín dice que “crece la hipótesis de muerte accidental”).

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Portadas

Así fueron las portadas de los principales diarios de los países que participaron en la cumbre del Mercosur, con un espacio poco destacado para el supuesto suicidio en la mayoría de los casos:

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Enlaces de interés:

@Columna5

Periodista, tuitero y cartel de anuncios

Mezclar información con publicidad no es nuevo para algunos periodistas. Esta vez lo hacen en Twitter, pero los dilemas éticos se mantienen.

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No son los primeros y, de seguro, no serán los últimos que lo hagan. Desde hace un tiempo, algunos periodistas deportivos ecuatorianos intercalan sus tuits con publicidad y retuits de las cuentas de sus anunciantes.

Al menos cuatro periodistas hacen eso: Rómulo Barcos (@romulobarcos), Andrés Guschmer (@aguschmer), Carlos Víctor Morales (@CarlosVictorM) y Vito Muñoz (@VitoMunoz_U).

En un análisis hecho durante una semana a Barcos, uno de los que más publicidad envía, se contaron más de 50 tuits publicitarios, algunas son recomendaciones, otras menciones y algunos retuits:

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Andrés Guschmer hace lo mismo, con al menos tres marcas:

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Carlos Víctor Morales:

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Vito Muñoz:

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Casos en Argentina y EE.UU.

Esta forma en que algunos periodistas obtienen ingresos tiene antecedentes en otros países.

En Argentina, dos “Twitter-empresarios”, Roberto Mayo y Juan Pablo Varsky, empezaron el negocio en el año 2010. Ellos crearon la cuenta @VarskySports que publica tuits de información deportiva con patrocinio.

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Algo similar hace Paul Brandus (@WestWingReport), un periodista que reporta desde la Casa Blanca desde el año 2009. Brandus es el reportero, director, editor, relacionista público y asesor de publicidad de esa cuenta, según una nota publicada en el blog de El País, de España, Periodismo con Futuro.

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¿Convertirse en periodista-publicista, o no?

Robert Niles, editor de ThemeParkInsider.com y director de publicidad de Violinist.com, considera que al reducirse los equipos, a veces el mismo periodista se ve obligado a ejercer de vendedor de anuncios.

La visión de Niles es la de cómo hacer negocio con el periodismo.

“Esta tarea podría dejarse en manos de terceros, pero Niles no lo recomienda. Supondría una pérdida de dinero, opina. Y lo que a primera vista parece un conflicto de intereses, puede solucionarse siendo sincero (…). Di ‘para quién trabajas y de dónde proceden los fondos que sustentan tu página’, aconseja The Online Journalism Review (OJR)”, según una nota del blog del departamento América Latina de la Deutsche Welle DW-Akademie.

¿Es así de sencillo? Para el maestro de ética periodística, Javier Darío Restrepo, no lo es.

El argumento ético de Restrepo, que lo dijo el martes anterior durante la conferencia web “Los nuevos dilemas éticos”, es que el periodista debe hacer creíble la información que emite.

“No sólo encontrar la verdad, (sino) hacer que esa verdad la crean. Cuando estoy mezclando publicidad, estoy mandando un mensaje implícito: yo no soy independiente porque tengo que hacerle caso a quien me está pagando”, dijo el periodista colombiano.

Los manuales de ética de los medios de comunicación, explicó Restrepo, dicen que la publicidad debe ser completamente independiente y muy diferenciada para saber que es distinta de la información.

“Llega el momento en que el receptor de información se cansa y cree que se están burlando de él cuando no sabe si lo que recibe es publicidad o información”, dijo Restrepo.

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Otras opiniones sobre lo ético

En el siempre útil Consultorio Ético de la FNPI, en donde Javier Darío Restrepo responde preguntas de periodistas, dice varias cosas, como las siguientes:

“Conviene pensarlo: ¿qué sería de un periodista sin credibilidad? Que es el peligro a que se expone quien pasa a ser el vocero o voceador de un producto, de un gobierno, de un partido o de un candidato”. (Enlace)

“Las funciones del periodista y las del publicista son incompatibles pretender ejercerlas simultáneamente, es un imposible ético en el que la peor parte la lleva el ejercicio periodístico y, por tanto, toda la sociedad”. (Enlace)

“No se puede ser a la vez periodista y vendedor de publicidad. Otra razón: la del periodista es una función de líder de la sociedad. Y a todas luces la dignidad del líder se ve disminuida por esa función de vendedor”. (Enlace)

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Y para quienes creen que, por ser periodismo deportivo, las reglas cambian:

“La información deportiva es periodismo, no entretenimiento. Como tal tiene toda la dignidad y respetabilidad de cualquier información periodística y, en consecuencia, debe ser independiente.

Un comentarista o redactor deportivo que vende cupos publicitarios no es creíble para nadie, siempre predominará la imagen de vendedor y de sus intereses personales, sobre la del profesional de la información”. (Enlace)

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Enlaces de interés:

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Publicar o no las fotos de Gadafi. El dilema del periodismo en el mundo

Unas fotos que se supone corresponden al líder libio Muamar el Gadafi muerto o herido provocaron críticas en las redes sociales y en blogs en contra de los periodistas y medios de comunicación.

Algunos medios publicaron casi de inmediato la foto de la AFP, la primera agencia de noticias que obtuvo las fotos de Gadafi muerto de un video tomado por uno de los combatientes, mientras otros mantuvieron fotos de archivo. Luego aparecieron las foto del cuerpo en el suelo y con un tiro en la cabeza.

Los franceses Le Monde y Liberation pusieron las fotos en las páginas interiores de su edición digital, no en la portada.

Al menos al principio, el ecuatoriano El Comercio no colocó fotos de Gadafi muerto, sino de cuando estaba herido.

El New York Times incluyó galerías de imágenes con la advertencia en el momento en que iban a aparecer las imágenes del cuerpo de Gadafi:

Lo mismo hizo The Washington Post con una advertencia al inicio de la galería:

Y lo mismo sucedió con el Huffington Post.

¿Publicar o no las fotos de Gadafi?

Como principio general, el periodismo debe tomar en cuenta el respeto. Cuando se trata de personas que han muerto o están heridas de gravedad, hay tres niveles de respeto:

1.- A la víctima y a su memoria. Según el seguimiento en las redes sociales, en este caso van desde que Gadafi no se merece ningún respeto hasta que todos lo merecen por igual.

2.- A los familiares y amigos de la víctima.

3.- Al público. No a todos les gusta ni les interesa ver cuerpos de personas muertas. A algunos les causa un rechazo profundo.

En cualquier caso, una regla de oro es que las fotos pueden ser revulsivas, no repulsivas.

El ejemplo de Obama

La muerte del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, vino acompañada de una lección de comportamiento político de la que algo se puede extraer para el periodismo.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, rechazó publicar las fotos del cadáver del hombre más buscado por su país. Cuando alguien sabe que está diciendo la verdad, las evidencias chocantes están por demás.

“No vamos a utilizar ese material como un trofeo, no se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo Obama. Resumen: prudencia.

Prudencia y cálculo político: “Son una serie de imágenes muy gráficas que no queremos que instiguen la violencia o sean usadas como propaganda, agregó Obama tras la muerte del dirigente fundamentalista violento. A casi seis meses del anuncio y sin fotos de por medio, ¿alguien duda de la veracidad de la muerte de Bin Laden?

Esa prudencia y ese cálculo no los aplicó el antecesor de Obama, George W. Bush, cuando su Gobierno permitió la difusión de imágenes de los restos de los hijos de Saddam Hussein y le cayó una lluvia de críticas.

Eso sucede con gente que tiene, por decir lo menos, “mala prensa”. Pero la situación de sensibilidad y rechazo a los medios es mayor cuando el cuerpo corresponde a una persona apreciada, como cuando se publicó las fotos del cadáver de Michael Jackson. Algunos medios, como diario El Universo, de Ecuador, publicaron la imagen en portada.

¿Cuándo sí debemos publicar la foto de un cadáver?

Siempre es bueno dar una vuelta por el Consultorio Ético de Javier Darío Restrepo en la página de la FNPI. Así no estemos de acuerdo con sus posiciones, siempre tendremos opiniones, materiales y referencias importantes. Aquí una selección de lo que dice Restrepo en algunas consultas sobre publicación de fotos de muertos:

– “Por razones de respeto a los lectores se debe evitar la publicación de imágenes chocantes que ofenden el buen gusto”. (Enlace)

– “Es inaceptable el argumento común sobre el aumento de circulación del periódico que publica la foto del muerto del día, como razón para decidir su publicación”. (Enlace)

– “Cuando se trata de planos generales, que le permiten al lector precisar las circunstancias de la muerte de las víctimas, la foto cumple un papel de testimonio que aporte elementos de juicio al lector”. (Enlace)

– “No son razones suficientes para suprimir la foto, las muy subjetivas ‘susceptibilidades’. En cambio el criterio del servicio público que prestan una información o una fotografía, da una clara indicación”. (Enlace)

Preguntas antes de publicar una foto truculenta

Antes de decidir la publicación de la fotografía de un cadáver o de una persona herida de gravedad hágase las siguientes preguntas:

1.- ¿El aporte de información de la foto es mínimo o nulo?

2.- ¿Otra foto del mismo caso puede informar de la misma manera o mejor?

3.- ¿Se busca el sensacionalismo, vender más, atraer más público?

4.- ¿Afectará la sensibilidad de quienes vean las imágenes?

Si respondió sí a alguna de las preguntas, lo mejor es no publicar la foto.

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