El Telégrafo cambia uno de sus patrones, pero cambia poco

El Telégrafo, el diario manejado por el gobierno nacional, mantuvo durante los últimos años un patrón de comportamiento, una pauta reconocible, predecible y a veces hasta risible: todo lo que era a favor del gobierno se destacaba, se ponía en escena. Lo que era en contra del entonces presidente Rafael Correa, su vicepresidente, Jorge Glas, o sobre cualquier elemento negativo de esa administración, era respondido, atacado, menospreciado o simplemente ignorado.

Con la llegada al poder del presidente Lenín Moreno las cosas cambiaron. Ese comportamiento asumido por El Telégrafo, el de la defensa de todo lo que huela a correísmo, casi desapareció.

Ese patrón cambió, pero poco cambió.

El Telégrafo usaba el establecimiento de la agenda (agenda setting) y el encuadre (framing) para fines propagandísticos partidistas.

La definición de la agenda y el encuadre de las noticias (lo que se muestra de los hechos publicados) son elementos que Correa siempre criticó a los medios privados, pero que el diario gubernamental los usaba a favor del entonces presidente.

Al poco tiempo de asumir el gobierno, Moreno colocó a Andrés Michelena, uno de sus hombres de confianza, en el manejo de los medios mal llamados públicos. Fue contratado un exeditor de El Comercio, Fernando Larenas, para dirigir el diario estatal y recontrató a Hernán Ramos (hoy fuera del diario), quien fue el segundo a bordo del anterior director, Orlando Pérez, y director encargado de este periódico un par de meses durante el último año del correísmo.

Larenas llegó con el discurso del cambio, de hacer periodismo, de no ser un órgano de propaganda, un periodismo por donde circulen todas las voces, decía. El discurso sonaba bien y más al venir de alguien que trabajó en El Comercio, un medio más equilibrado y serio que el promedio nacional.

Pero, ¿en realidad cambió El Telégrafo?

Es difícil cambiar un diario en poco tiempo (ya van casi seis meses), porque eso significa modificar la cultura de la sala de redacción, luchar contra la resistencia al cambio y, en ocasiones, invertir mucho dinero.

No es fácil, pero hay cosas que se pueden ver de un día para el otro. Solamente falta decisión, como la que se necesitó para sincerar las cifras de circulación de El Telégrafo, infladas durante la anterior administración.

Y hay otras cosas mucho más rápidas de ejecutar cuando están a cargo de quienes llegan con la idea de cambio. En un periódico, eso se refleja en la portada. Ahí, donde el director tiene todo el poder de decisión, se puede colocar el faro que guíe un cambio.

La portada o tapa es un declaración de intenciones, de lo que quiere un diario, de cómo quiere ser visto. Es una ratificación diaria del “esto somos”.

¿Y qué es ahora El Telégrafo? Respuesta: Lenín Moreno.

La cara de Moreno

La imagen que dominaba las portadas de El Telégrafo, Rafael Correa, ha desaparecido. Ahora es la de Lenín Moreno. Cambiar algo para que nada cambie.

La cara de Moreno está por todo lado. En una revisión de las 167 portadas de El Telégrafo, del 18 de julio al 31 de diciembre del 2017, es decir, durante el tiempo que ha estado a cargo de la nueva administración, encontramos que Moreno aparece en 27 fotos (16,17 %), de ellas 19 (11,38 %) fueron principales.

Moreno serio. Moreno sonriente. Moreno distendido. Moreno amable. Moreno líder. Moreno querido. Moreno amado. Moreno satisfecho. Moreno magnánimo. Moreno cercano. Moreno estadista. Moreno esperanzado. Moreno decidido. Moreno visionario. Moreno generoso. Moreno afable. Moreno amable. Moreno firme.

Moreno solo. Moreno con el pueblo. Moreno con maquetas de casas. Moreno con sus antiguos opositores. Moreno con los niños. Moreno con las masas. Moreno con un Glas preocupado y derrotado. Moreno en la tarima. Moreno en el balcón de Carondelet. Moreno en la ONU. Moreno con los indígenas. Moreno con los militares. Moreno en bus. Moreno en su partido. Moreno en cumbres presidenciales. Moreno con sus homólogos. Moreno con sus partidarios. Moreno con el papa Francisco.

Moreno con camisa. Moreno con saco y corbata. Moreno con camisa deportiva. Moreno con chaleco. Moreno con la banda presidencial. Moreno con abrigo. Moreno en fotos. Moreno en dibujos. Moreno, Moreno, Moreno…

Esperen, todavía hay más Moreno.

El apellido de Moreno

Lenín Moreno está mencionado en los titulares de 52 portadas (el 31,14 %). La forma principal es por su apellido, pero en ocasiones se cambia a palabras como gobierno, ejecutivo o presidente.

Lo que más se repite es la palabra “Moreno”, que estuvo en 34 portadas (el 17,96 %). 21 fueron en el título principal (12,57 %).

Incluso existen fórmulas de titulación definidas y repetitivas. Por ejemplo: nombre del presidente + verbo + complemento. Se han usado varios verbos (denuncia, invita, presidió, acepta, acude, agrupa, aprieta, decide, deroga, encarga, entrega, invita, limita, pide, recibe, transparenta…), pero todavía no se les acaban y es previsible que esta fórmula se mantenga.

Esto es oficialismo puro. Pero, pausa, oficialismo no quiere decir subordinación al poder. Seguir la agenda oficial, lo hacen muchos (aunque esté mal), pero eso no quita que adopten una actitud crítica, imparcial, alejada del poder.

Quiten la pausa. En el caso de El Telégrafo, no solamente es oficialismo, es un oficialismo cargado de declaracionismo, de trasiego de opiniones desde el gobierno al papel, de cero cuestionamiento. Es un oficialismo sumiso. Es un oficialismo que sirve como instrumento del poder político.

Un oficialismo que se empeña en usar titulares para aplaudir a Moreno:

  • Moreno transparenta las cuentas fiscales del país (29/7/2017).
  • El plan de Moreno es atraer divisas (31/7/2017).
  • Moreno recibe apoyo de 72 colectivos y 22 organizaciones sociales (8/8/2017).
  • El Gobierno asistirá a víctimas de accidentes (17/8/2017).
  • El Gobierno toma la batuta en la lucha contra la violencia de género (25/8/2017).
  • El discurso de Moreno afianza su aceptación (28/8/2017).
  • Moreno limita viajes, asesorías y contrataciones (7/9/2017).
  • Moreno llevará un mensaje de paz a la ONU (18/9/2017).
  • Ecuador lideró propuesta social (23/9/2017).
  • Gobierno mejora la relación entre el capital y el trabajo (19/10/2017).
  • Cedatos: Aceptación de Moreno es del 73% (11/11/2017).

Titulares en los que la noticia no es las fiestas de las ciudades (ya de por sí un tema flojo), sino que Moreno acuda o que su agenda se trate en esas celebraciones:

  • Lenín Moreno presidió los festejos por los 197 años de Independencia de Cuenca (4/11/2017).
  • Lenín Moreno y su gabinete sesionaron en Ambato por las fiestas de la ciudad (10/11/2017).
  • Plebiscito fue el tema en homenaje a Quito (7/12/2017).

Titulares en los que la noticia es lo que dijo Moreno:

  • “Que (Correa) no se esconda en las fronteras”: Moreno (22/11/2017).
  • “Sacaremos adelante este proyecto” (13/9/2017).
  • Moreno: “Los miembros del CPCCS deben irse a su casa” (26/10/2017).
  • Lenín Moreno a los jueces: “Practiquen la independencia” (9/9/2017).

Diga lo que diga, incluso obviedades o generalidades:

  • “El diálogo es la herramienta para construir sociedades de paz” (21/9/2017).
  • Lenín Moreno: ‘Tenemos que respetarnos’ (7/11/2017).

Titulares en los que es noticia alguna denuncia de Moreno:

  • Lenín Moreno denuncia espionaje en su despacho (16/9/2017).
  • Moreno deroga el Decreto 16 y denuncia fallas en 640 obras (24/10/2017).

Titulares en los que se muestra la bueno que es Moreno y lo malo que es Glas:

  • Moreno entrega bonos y Glas se dedica a la política (5/8/2017).
  • Moreno acude al pueblo; J.G. con prisión preventiva (3/10/2017).

Titulares en los que la noticia pasa por Moreno, no por los hechos, sino por su presencia en ellos:

  • Lenín Moreno se reunió con los delegados de Santos y del ELN (29/8/2017).
  • 100 días de Lenín Moreno (31/8/2017).
  • Moreno se reunió con presidentes en la ONU (20/9/2017).
  • Moreno encarga la Vicepresidencia a su ministra de Vivienda (5/10/2017).
  • Presidentes Moreno y Hernández se reunieron (14/10/2017).
  • Moreno acepta salida de León de la CFN (22/12/2017).

En resumen: el presidente de la república apareció en 63 portadas (37,72 %), con foto o nombre y en muchos casos con ambos. Es decir, el lector de El Telégrafo recibió, en promedio, una dosis de Moreno en primera plana cada tres ediciones.

¿Medios públicos?

No todavía.

Ha cambiado uno de los patrones de El Telégrafo, es cierto. Tal vez ya no se mancille la honra de nadie ni se mantenga la guerra con los medios privados, porque ya no es necesario, como dijo Michelena. Al final, ya son y dicen casi lo mismo. Pero en buena parte sigue siendo el mismo medio gobiernista de antes, pese a que el mismo presidente les pidió lo contrario: “No se puede convertir a los medios de comunicación en herramientas de propaganda del Gobierno de turno”

Otra vez la agenda setting y el framing para beneficiar a un político. Otra vez El Telégrafo convertido en periódico oficial.

A los anticorreístas les debe complacer que no se vea al expresidente en las páginas de El Telégrafo y que no sea un cuartel para la guerra política violenta. A los periodistas, en cambio, nos debe preocupar que esos sean los únicos cambios; buenos, pero insuficientes.

Todavía se siente ahí el espíritu de los periódicos gobiernistas (El Telégrafo y el otro diario del gobierno, El Tiempo) que llegaron a su clímax de parcialización durante las elecciones del 2017 para apoyar a ¿adivinen quién?:

El Telégrafo (6/feb./2017).

El Tiempo (6/feb./2017).

Ahora, para terminar el año, El Telégrafo publicó una primera plana dibujada, en la que también apareció Lenín Boltaire Moreno Garcés:

El Telégrafo (31/dic./2017).

(Un reto: ¿cuántas veces aparece Moreno en esta portada?).

Mientras su director lanzaba un aplauso de pie por su jefe mayor: “El insulto como arma política fue desterrado”, aseguraba Fernando Larenas para cerrar el año.

Así no debería ser un medio, ni público ni privado. Porque periodismo, el verdadero periodismo, es publicar lo que alguien no quiere que se publique. Lo demás son relaciones públicas. O, como dijo un periodista gringo: “Cualquier cosa que un patrón quiera ver publicada es publicidad; cualquier cosa que no quiera ver en el periódico es noticia”.

Esperar todavía que El Telégrafo cambie y se convierta en un periódico de verdad, en un perro guardián del poder (pdf), es, como dice Ricardo Tello, una soberana ingenuidad. Más cuando existen denuncias de imposición de temas y enfoques a sus periodistas.

Cómo tener medios públicos

Hoy, en el Día del Periodismo Ecuatoriano, sumamos un año más sin medios públicos, pero con muchos medios del gobierno. Para que eso cambie no solamente se necesita la voluntad de sus empleados, sino decisiones que los conviertan en verdaderos medios públicos, mucho mejores que los privados: independencia administrativa (que el gobierno no ponga a los directivos), independencia económica (que no dependa del dinero del gobierno ni de los anunciantes) y, como contrapeso, un fuerte control y vigilancia desde diferentes sectores, sobre todo ciudadanos y profesionales.

Si no, en vez de perros guardianes, los medios del gobierno seguirán siendo perros falderos.

Juan Francisco Beltrán


 

Notas relacionadas:

De la propaganda al marketing. Ricardo Tello Carrión.

¿Qué es y de qué sirve un medio público? Rubén Darío Buitrón.

El Telégrafo, el periódico que ya fue.

La mentira que se le cayó a El Telégrafo.

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Publicar o no las fotos de Gadafi. El dilema del periodismo en el mundo

Unas fotos que se supone corresponden al líder libio Muamar el Gadafi muerto o herido provocaron críticas en las redes sociales y en blogs en contra de los periodistas y medios de comunicación.

Algunos medios publicaron casi de inmediato la foto de la AFP, la primera agencia de noticias que obtuvo las fotos de Gadafi muerto de un video tomado por uno de los combatientes, mientras otros mantuvieron fotos de archivo. Luego aparecieron las foto del cuerpo en el suelo y con un tiro en la cabeza.

Los franceses Le Monde y Liberation pusieron las fotos en las páginas interiores de su edición digital, no en la portada.

Al menos al principio, el ecuatoriano El Comercio no colocó fotos de Gadafi muerto, sino de cuando estaba herido.

El New York Times incluyó galerías de imágenes con la advertencia en el momento en que iban a aparecer las imágenes del cuerpo de Gadafi:

Lo mismo hizo The Washington Post con una advertencia al inicio de la galería:

Y lo mismo sucedió con el Huffington Post.

¿Publicar o no las fotos de Gadafi?

Como principio general, el periodismo debe tomar en cuenta el respeto. Cuando se trata de personas que han muerto o están heridas de gravedad, hay tres niveles de respeto:

1.- A la víctima y a su memoria. Según el seguimiento en las redes sociales, en este caso van desde que Gadafi no se merece ningún respeto hasta que todos lo merecen por igual.

2.- A los familiares y amigos de la víctima.

3.- Al público. No a todos les gusta ni les interesa ver cuerpos de personas muertas. A algunos les causa un rechazo profundo.

En cualquier caso, una regla de oro es que las fotos pueden ser revulsivas, no repulsivas.

El ejemplo de Obama

La muerte del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, vino acompañada de una lección de comportamiento político de la que algo se puede extraer para el periodismo.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, rechazó publicar las fotos del cadáver del hombre más buscado por su país. Cuando alguien sabe que está diciendo la verdad, las evidencias chocantes están por demás.

“No vamos a utilizar ese material como un trofeo, no se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo Obama. Resumen: prudencia.

Prudencia y cálculo político: “Son una serie de imágenes muy gráficas que no queremos que instiguen la violencia o sean usadas como propaganda, agregó Obama tras la muerte del dirigente fundamentalista violento. A casi seis meses del anuncio y sin fotos de por medio, ¿alguien duda de la veracidad de la muerte de Bin Laden?

Esa prudencia y ese cálculo no los aplicó el antecesor de Obama, George W. Bush, cuando su Gobierno permitió la difusión de imágenes de los restos de los hijos de Saddam Hussein y le cayó una lluvia de críticas.

Eso sucede con gente que tiene, por decir lo menos, “mala prensa”. Pero la situación de sensibilidad y rechazo a los medios es mayor cuando el cuerpo corresponde a una persona apreciada, como cuando se publicó las fotos del cadáver de Michael Jackson. Algunos medios, como diario El Universo, de Ecuador, publicaron la imagen en portada.

¿Cuándo sí debemos publicar la foto de un cadáver?

Siempre es bueno dar una vuelta por el Consultorio Ético de Javier Darío Restrepo en la página de la FNPI. Así no estemos de acuerdo con sus posiciones, siempre tendremos opiniones, materiales y referencias importantes. Aquí una selección de lo que dice Restrepo en algunas consultas sobre publicación de fotos de muertos:

– “Por razones de respeto a los lectores se debe evitar la publicación de imágenes chocantes que ofenden el buen gusto”. (Enlace)

– “Es inaceptable el argumento común sobre el aumento de circulación del periódico que publica la foto del muerto del día, como razón para decidir su publicación”. (Enlace)

– “Cuando se trata de planos generales, que le permiten al lector precisar las circunstancias de la muerte de las víctimas, la foto cumple un papel de testimonio que aporte elementos de juicio al lector”. (Enlace)

– “No son razones suficientes para suprimir la foto, las muy subjetivas ‘susceptibilidades’. En cambio el criterio del servicio público que prestan una información o una fotografía, da una clara indicación”. (Enlace)

Preguntas antes de publicar una foto truculenta

Antes de decidir la publicación de la fotografía de un cadáver o de una persona herida de gravedad hágase las siguientes preguntas:

1.- ¿El aporte de información de la foto es mínimo o nulo?

2.- ¿Otra foto del mismo caso puede informar de la misma manera o mejor?

3.- ¿Se busca el sensacionalismo, vender más, atraer más público?

4.- ¿Afectará la sensibilidad de quienes vean las imágenes?

Si respondió sí a alguna de las preguntas, lo mejor es no publicar la foto.

Enlaces de interés:

@Columna5

Cómo manipular una foto sin usar Photoshop

Una foto publicada por diario El Mundo generó una ola de protestas y discusiones en España, sobre todo a través de Twitter, y terminó como tema del momento (trending topic) con etiquetas o hashtags como #paraulesambETA, Pedro jETA y #yotmbsoyELMUNDO. Algunos hasta se lo tomaron a broma.
El debate que se desató con el texto Esos periodistas pillines, del blog Loca Academia de Vaders, llevó a Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, a decir que esa fotografía “es de Pulitzer” y que la defenderá “hasta q el infierno se hiele”.

¿Una foto, sin haberla tocado, puede manipular los hechos?
Evitemos la discusión de objetividad y subjetividad en los medios. No es ese el tema del debate, sino la intención clara, en este caso, de calificar a un grupo de manifestantes como miembros o simpatizantes de un grupo ilegal.
“En cualquier imagen siempre está presente la subjetividad del fotógrafo”, dice Alejandro Castellote, historiador de fotografía, en un argumento publicado en El Mundo a propósito de la foto polémica.
Es verdad, pero una cosa es subjetividad, consciente o no, y otra muy distinta es el ánimo de torcer los hechos, por la posibilidad que tiene la cámara fotográfica de forzar los ángulos, encuadres, enfoques, el uso de zoom o gran angular para mostrar algo que, si bien no necesita de la manipulación física de una imagen, da una idea errónea de lo que sucedió.
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En la siguiente foto lo que vemos es algo que parece un cartel de ETA, el repudiado y criticado grupo armado separatista vasco*, en una manifestación en donde predominan las ikurriñas o banderas del País Vasco (o Euskadi, en idioma vasco, -o eusquera-):

En esta foto, con menos claridad, se ve algo similar:

Ambas fueron publicadas en El Mundo. ¿Para un Pulitzer? Un poco exagerado.

Esta es una foto completa, donde ya no se ve la palabra ETA de forma aislada, sino la frase que traducida es “No a las imposiciones. Somos una nación”:

El hecho principal es que en esta manifestación no existió lo que el medio publicó (o insinuó) en estas dos fotos. Quienes estuvieron dicen que no hubo ningún cartel de ETA.

¿Subjetividad? No, manipulación.
El fotógrafo de los medios es un periodista. Y su misión es llevar información, toda la posible, necesaria e importante para mostrar un hecho. Todo esto, siempre, está atravesado por la subjetividad, pero el rigor periodístico permite que esa subjetividad no predomine sobre la información que damos al público.
“La información siempre es representación”, dice Pedro Jota, una búsqueda de “lo que resuma mejor –con palabras o imágenes- aquello que nos parece esencial en lo que está sucediendo”.
Ese enunciado es verdad, pero resumir “aquello que nos parece esencial” no incluye ubicar un calificativo velado contra un grupo de personas.
Salvador Sostres, en su columna de El Mundo, se atreve más y dice que “toda fotografía es una opinión”. Pues no, no siempre es ni debe ser así.
El periodismo es informar, como dice Jordi Pérez Colomé (segundo comentario en este enlace). Y la opinión “no es periodismo”, agrega.
Pedro J. tiene su opinión, su certeza, que es la misma que transmite El Mundo con esa foto: “si convoca la ‘izquierda abertzale’, se pide la legalización de Batasuna, se denuncia la ‘criminal’ política penitenciaria y lo hacen Erkizia y cia, todo eso sucede bajo la sombra tutelar de ETA”.
El periodista, el mejor y verdadero periodista, es el que duda, no el que tiene certezas. La duda le lleva al periodista a preguntar, a buscar, a investigar, a encontrar nuevos datos y versiones. A mostrar, en definitiva, más elementos de un hecho que permitan su mejor interpretación.
Cuando abrimos un periódico, prendemos la radio, la TV o navegamos por Internet en busca de noticias, ¿qué es lo que buscamos? Información, es decir, herramientas para conocer nuestro entorno y tomar las mejores decisiones para nuestro beneficio. Quien da certezas, ratifica ideas, refuerza prejuicios de quien le lee o escucha, no cumple su función de periodista.
“Quienes compran EL MUNDO quieren que esa interpretación corra a cargo del periódico, aunque sea una interpretación abierta que ellos siempre podrán contrastar con la de otros medios o con su propia percepción de la realidad”, dice Pedro Jota.

Rigor periodístico
¿Qué es rigor periodístico para un fotoperiodista? Es mostrar la mayor cantidad de ángulos y encuadres posibles, pero sobre todo reflejar los hechos como los vio, apropiarse de la mirada de otros y capturarla. Suena a poesía, pero eso es lo que se debe hacer. Suena a irrealizable, pero la perfección, aunque inalcanzable, es un objetivo que nos permite acercarnos o llegar a la excelencia.
Castellote dice que “manipular una fotografía en el sentido estricto sería cuando se modifica el estado de las cosas a través de programas como Photoshop porque estarías mostrando algo que no ha pasado”. Sí, pero también hay otras formas de manipular los hechos con una fotografía.
Supongamos que, en el caso de la foto de los falsos etarras, el fotógrafo llega mucho antes o después de la manifestación y toma fotos de calles vacías. No hay manipulación fotoshopera, pero sí una tergiversación de los hechos. Un manipulación, en fin
En el mismo caso, si el fotógrafo toma la foto de la cara de uno de los asistentes que, por una mueca inesperada, transmite odio, violencia, agresividad, y escoge esa foto para ilustrar una manifestación pacífica, estará manipulando.
Si, otra vez en el mismo caso, el fotógrafo encuadra de tal manera que en la foto salga una palabra, cualquiera, para describir o calificar de forma indirecta a los manifestantes, pues estará manipulando.
En fotoperiodismo es más difícil alcanzar a mostrar el todo de un hecho. Las fotos, como bien dice Castellote, “son sólo fragmentos de la realidad”. Un texto o un video muestran también fragmentos, pero hay la posibilidad de mostrar una mayor cantidad, lo que da una idea más general de un hecho. Que una sola foto logre captar toda la esencia de un hecho es cosa de maestros o de la suerte.
Sin embargo, Pedro J. Ramírez dice, en su cuenta de Twitter @pedroj_ramirez, “Pocas veces una foto reflejó tan bien la realidad como ese encuadre de las letras ETA dentro de un lema abertzale q escandaliza a algunos”. Y admite que “la foto sí insinua q los manif apoyan a ETA”.

“La foto es falsa”
¿No creen Castellote, Sostres o PedroJota que es así? Pueden, entonces, debatirlo con Arcadi Espada, quien escribió hace unos años sobre algo que definió como “la retórica de la ficción en la narración de los hechos”. (Enlace a Vista general sobre la playa, de Arcadi Espada, acá).
“Algunos fotógrafos aspiran a fotografiar los símbolos aunque sea a costa de los hechos”, dice Espada, periodista que escribe en El Mundo.
Y continúa: “Hay una manera radical de enfrentarse a la verdad de una foto: preguntarse qué hay al lado, precisamente. Si se abre el ángulo y lo que se muestra es contradictorio con el original seleccionado, entonces la foto es falsa”.
Eso, todo lo que dice Espada, bien se puede decir de la foto de los falsos etarras.
Más adelante, sobre una foto tomada en el año 2000, Espada dice que “la fotografía no capta un hecho. Lo construye”.
¿Y si lo que construye es una visión diferente de lo que sucedió, es manipulación? Mi respuesta: sí.

Actualización:

Arcadi Espada escribió en El Mundo, el sábado 17 de septiembre, el artículo InpoSAKEtarik sobre la fotografía de Justy García Koch.

Entre otras cosas dice que el periodismo exige que los prejuicios se contrasten con la realidad que, por desgracia, existe”. Y sugiere, otra vez, que los fotógrafos abran el encuadre pues así se nota la diferencia ente ‘ETA’ e ‘Inposaketarik’.

“El relato periodístico selecciona determinados detalles de lo real, pero la selección tiene reglas, dice Espada y concluye el texto diciendo que el fotógrafo ha confeccionado “un emotivo póster. Y no se registra esa categoría entre los pulitzers verdaderos”.

Acá una imagen del artículo, tomada del blog e-pesimo:

Pedro J. respondió  vía Twitter (1, 2 y 3): “Me pedís q comente el artículo d Arcadi: 1) Prueba q en EM hay pluralismo y se puede rebatir al director. 2) El texto es brillante pero su gran error estriba en q EM no pretendió q nadie creyera que en la pancarta se hablaba de la organización ETA. X eso no fue portada y x eso no hubo ningún columnista (o lector) q pidiera medidas contra los organizadores y x el falso escándalo estalla 20 días después”.

*Usamos esta definición de ETA, que es la que usa la BBC, un medio conocido por su equilibrio en el tratamiento informativo. Antes, la definición era “grupo independentista vasco de izquierda”.

Enlaces de interés:

@jfbeltranr