Publicar o no las fotos de Gadafi. El dilema del periodismo en el mundo

Unas fotos que se supone corresponden al líder libio Muamar el Gadafi muerto o herido provocaron críticas en las redes sociales y en blogs en contra de los periodistas y medios de comunicación.

Algunos medios publicaron casi de inmediato la foto de la AFP, la primera agencia de noticias que obtuvo las fotos de Gadafi muerto de un video tomado por uno de los combatientes, mientras otros mantuvieron fotos de archivo. Luego aparecieron las foto del cuerpo en el suelo y con un tiro en la cabeza.

Los franceses Le Monde y Liberation pusieron las fotos en las páginas interiores de su edición digital, no en la portada.

Al menos al principio, el ecuatoriano El Comercio no colocó fotos de Gadafi muerto, sino de cuando estaba herido.

El New York Times incluyó galerías de imágenes con la advertencia en el momento en que iban a aparecer las imágenes del cuerpo de Gadafi:

Lo mismo hizo The Washington Post con una advertencia al inicio de la galería:

Y lo mismo sucedió con el Huffington Post.

¿Publicar o no las fotos de Gadafi?

Como principio general, el periodismo debe tomar en cuenta el respeto. Cuando se trata de personas que han muerto o están heridas de gravedad, hay tres niveles de respeto:

1.- A la víctima y a su memoria. Según el seguimiento en las redes sociales, en este caso van desde que Gadafi no se merece ningún respeto hasta que todos lo merecen por igual.

2.- A los familiares y amigos de la víctima.

3.- Al público. No a todos les gusta ni les interesa ver cuerpos de personas muertas. A algunos les causa un rechazo profundo.

En cualquier caso, una regla de oro es que las fotos pueden ser revulsivas, no repulsivas.

El ejemplo de Obama

La muerte del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, vino acompañada de una lección de comportamiento político de la que algo se puede extraer para el periodismo.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, rechazó publicar las fotos del cadáver del hombre más buscado por su país. Cuando alguien sabe que está diciendo la verdad, las evidencias chocantes están por demás.

“No vamos a utilizar ese material como un trofeo, no se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo Obama. Resumen: prudencia.

Prudencia y cálculo político: “Son una serie de imágenes muy gráficas que no queremos que instiguen la violencia o sean usadas como propaganda, agregó Obama tras la muerte del dirigente fundamentalista violento. A casi seis meses del anuncio y sin fotos de por medio, ¿alguien duda de la veracidad de la muerte de Bin Laden?

Esa prudencia y ese cálculo no los aplicó el antecesor de Obama, George W. Bush, cuando su Gobierno permitió la difusión de imágenes de los restos de los hijos de Saddam Hussein y le cayó una lluvia de críticas.

Eso sucede con gente que tiene, por decir lo menos, “mala prensa”. Pero la situación de sensibilidad y rechazo a los medios es mayor cuando el cuerpo corresponde a una persona apreciada, como cuando se publicó las fotos del cadáver de Michael Jackson. Algunos medios, como diario El Universo, de Ecuador, publicaron la imagen en portada.

¿Cuándo sí debemos publicar la foto de un cadáver?

Siempre es bueno dar una vuelta por el Consultorio Ético de Javier Darío Restrepo en la página de la FNPI. Así no estemos de acuerdo con sus posiciones, siempre tendremos opiniones, materiales y referencias importantes. Aquí una selección de lo que dice Restrepo en algunas consultas sobre publicación de fotos de muertos:

– “Por razones de respeto a los lectores se debe evitar la publicación de imágenes chocantes que ofenden el buen gusto”. (Enlace)

– “Es inaceptable el argumento común sobre el aumento de circulación del periódico que publica la foto del muerto del día, como razón para decidir su publicación”. (Enlace)

– “Cuando se trata de planos generales, que le permiten al lector precisar las circunstancias de la muerte de las víctimas, la foto cumple un papel de testimonio que aporte elementos de juicio al lector”. (Enlace)

– “No son razones suficientes para suprimir la foto, las muy subjetivas ‘susceptibilidades’. En cambio el criterio del servicio público que prestan una información o una fotografía, da una clara indicación”. (Enlace)

Preguntas antes de publicar una foto truculenta

Antes de decidir la publicación de la fotografía de un cadáver o de una persona herida de gravedad hágase las siguientes preguntas:

1.- ¿El aporte de información de la foto es mínimo o nulo?

2.- ¿Otra foto del mismo caso puede informar de la misma manera o mejor?

3.- ¿Se busca el sensacionalismo, vender más, atraer más público?

4.- ¿Afectará la sensibilidad de quienes vean las imágenes?

Si respondió sí a alguna de las preguntas, lo mejor es no publicar la foto.

Enlaces de interés:

@Columna5

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Cómo manipular una foto sin usar Photoshop

Una foto publicada por diario El Mundo generó una ola de protestas y discusiones en España, sobre todo a través de Twitter, y terminó como tema del momento (trending topic) con etiquetas o hashtags como #paraulesambETA, Pedro jETA y #yotmbsoyELMUNDO. Algunos hasta se lo tomaron a broma.
El debate que se desató con el texto Esos periodistas pillines, del blog Loca Academia de Vaders, llevó a Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, a decir que esa fotografía “es de Pulitzer” y que la defenderá “hasta q el infierno se hiele”.

¿Una foto, sin haberla tocado, puede manipular los hechos?
Evitemos la discusión de objetividad y subjetividad en los medios. No es ese el tema del debate, sino la intención clara, en este caso, de calificar a un grupo de manifestantes como miembros o simpatizantes de un grupo ilegal.
“En cualquier imagen siempre está presente la subjetividad del fotógrafo”, dice Alejandro Castellote, historiador de fotografía, en un argumento publicado en El Mundo a propósito de la foto polémica.
Es verdad, pero una cosa es subjetividad, consciente o no, y otra muy distinta es el ánimo de torcer los hechos, por la posibilidad que tiene la cámara fotográfica de forzar los ángulos, encuadres, enfoques, el uso de zoom o gran angular para mostrar algo que, si bien no necesita de la manipulación física de una imagen, da una idea errónea de lo que sucedió.
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En la siguiente foto lo que vemos es algo que parece un cartel de ETA, el repudiado y criticado grupo armado separatista vasco*, en una manifestación en donde predominan las ikurriñas o banderas del País Vasco (o Euskadi, en idioma vasco, -o eusquera-):

En esta foto, con menos claridad, se ve algo similar:

Ambas fueron publicadas en El Mundo. ¿Para un Pulitzer? Un poco exagerado.

Esta es una foto completa, donde ya no se ve la palabra ETA de forma aislada, sino la frase que traducida es “No a las imposiciones. Somos una nación”:

El hecho principal es que en esta manifestación no existió lo que el medio publicó (o insinuó) en estas dos fotos. Quienes estuvieron dicen que no hubo ningún cartel de ETA.

¿Subjetividad? No, manipulación.
El fotógrafo de los medios es un periodista. Y su misión es llevar información, toda la posible, necesaria e importante para mostrar un hecho. Todo esto, siempre, está atravesado por la subjetividad, pero el rigor periodístico permite que esa subjetividad no predomine sobre la información que damos al público.
“La información siempre es representación”, dice Pedro Jota, una búsqueda de “lo que resuma mejor –con palabras o imágenes- aquello que nos parece esencial en lo que está sucediendo”.
Ese enunciado es verdad, pero resumir “aquello que nos parece esencial” no incluye ubicar un calificativo velado contra un grupo de personas.
Salvador Sostres, en su columna de El Mundo, se atreve más y dice que “toda fotografía es una opinión”. Pues no, no siempre es ni debe ser así.
El periodismo es informar, como dice Jordi Pérez Colomé (segundo comentario en este enlace). Y la opinión “no es periodismo”, agrega.
Pedro J. tiene su opinión, su certeza, que es la misma que transmite El Mundo con esa foto: “si convoca la ‘izquierda abertzale’, se pide la legalización de Batasuna, se denuncia la ‘criminal’ política penitenciaria y lo hacen Erkizia y cia, todo eso sucede bajo la sombra tutelar de ETA”.
El periodista, el mejor y verdadero periodista, es el que duda, no el que tiene certezas. La duda le lleva al periodista a preguntar, a buscar, a investigar, a encontrar nuevos datos y versiones. A mostrar, en definitiva, más elementos de un hecho que permitan su mejor interpretación.
Cuando abrimos un periódico, prendemos la radio, la TV o navegamos por Internet en busca de noticias, ¿qué es lo que buscamos? Información, es decir, herramientas para conocer nuestro entorno y tomar las mejores decisiones para nuestro beneficio. Quien da certezas, ratifica ideas, refuerza prejuicios de quien le lee o escucha, no cumple su función de periodista.
“Quienes compran EL MUNDO quieren que esa interpretación corra a cargo del periódico, aunque sea una interpretación abierta que ellos siempre podrán contrastar con la de otros medios o con su propia percepción de la realidad”, dice Pedro Jota.

Rigor periodístico
¿Qué es rigor periodístico para un fotoperiodista? Es mostrar la mayor cantidad de ángulos y encuadres posibles, pero sobre todo reflejar los hechos como los vio, apropiarse de la mirada de otros y capturarla. Suena a poesía, pero eso es lo que se debe hacer. Suena a irrealizable, pero la perfección, aunque inalcanzable, es un objetivo que nos permite acercarnos o llegar a la excelencia.
Castellote dice que “manipular una fotografía en el sentido estricto sería cuando se modifica el estado de las cosas a través de programas como Photoshop porque estarías mostrando algo que no ha pasado”. Sí, pero también hay otras formas de manipular los hechos con una fotografía.
Supongamos que, en el caso de la foto de los falsos etarras, el fotógrafo llega mucho antes o después de la manifestación y toma fotos de calles vacías. No hay manipulación fotoshopera, pero sí una tergiversación de los hechos. Un manipulación, en fin
En el mismo caso, si el fotógrafo toma la foto de la cara de uno de los asistentes que, por una mueca inesperada, transmite odio, violencia, agresividad, y escoge esa foto para ilustrar una manifestación pacífica, estará manipulando.
Si, otra vez en el mismo caso, el fotógrafo encuadra de tal manera que en la foto salga una palabra, cualquiera, para describir o calificar de forma indirecta a los manifestantes, pues estará manipulando.
En fotoperiodismo es más difícil alcanzar a mostrar el todo de un hecho. Las fotos, como bien dice Castellote, “son sólo fragmentos de la realidad”. Un texto o un video muestran también fragmentos, pero hay la posibilidad de mostrar una mayor cantidad, lo que da una idea más general de un hecho. Que una sola foto logre captar toda la esencia de un hecho es cosa de maestros o de la suerte.
Sin embargo, Pedro J. Ramírez dice, en su cuenta de Twitter @pedroj_ramirez, “Pocas veces una foto reflejó tan bien la realidad como ese encuadre de las letras ETA dentro de un lema abertzale q escandaliza a algunos”. Y admite que “la foto sí insinua q los manif apoyan a ETA”.

“La foto es falsa”
¿No creen Castellote, Sostres o PedroJota que es así? Pueden, entonces, debatirlo con Arcadi Espada, quien escribió hace unos años sobre algo que definió como “la retórica de la ficción en la narración de los hechos”. (Enlace a Vista general sobre la playa, de Arcadi Espada, acá).
“Algunos fotógrafos aspiran a fotografiar los símbolos aunque sea a costa de los hechos”, dice Espada, periodista que escribe en El Mundo.
Y continúa: “Hay una manera radical de enfrentarse a la verdad de una foto: preguntarse qué hay al lado, precisamente. Si se abre el ángulo y lo que se muestra es contradictorio con el original seleccionado, entonces la foto es falsa”.
Eso, todo lo que dice Espada, bien se puede decir de la foto de los falsos etarras.
Más adelante, sobre una foto tomada en el año 2000, Espada dice que “la fotografía no capta un hecho. Lo construye”.
¿Y si lo que construye es una visión diferente de lo que sucedió, es manipulación? Mi respuesta: sí.

Actualización:

Arcadi Espada escribió en El Mundo, el sábado 17 de septiembre, el artículo InpoSAKEtarik sobre la fotografía de Justy García Koch.

Entre otras cosas dice que el periodismo exige que los prejuicios se contrasten con la realidad que, por desgracia, existe”. Y sugiere, otra vez, que los fotógrafos abran el encuadre pues así se nota la diferencia ente ‘ETA’ e ‘Inposaketarik’.

“El relato periodístico selecciona determinados detalles de lo real, pero la selección tiene reglas, dice Espada y concluye el texto diciendo que el fotógrafo ha confeccionado “un emotivo póster. Y no se registra esa categoría entre los pulitzers verdaderos”.

Acá una imagen del artículo, tomada del blog e-pesimo:

Pedro J. respondió  vía Twitter (1, 2 y 3): “Me pedís q comente el artículo d Arcadi: 1) Prueba q en EM hay pluralismo y se puede rebatir al director. 2) El texto es brillante pero su gran error estriba en q EM no pretendió q nadie creyera que en la pancarta se hablaba de la organización ETA. X eso no fue portada y x eso no hubo ningún columnista (o lector) q pidiera medidas contra los organizadores y x el falso escándalo estalla 20 días después”.

*Usamos esta definición de ETA, que es la que usa la BBC, un medio conocido por su equilibrio en el tratamiento informativo. Antes, la definición era “grupo independentista vasco de izquierda”.

Enlaces de interés:

@jfbeltranr